Película: Una historia real que la Historia olvidó

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«En medio del mal,

¿se puede encontrar un atisbo de bien?»

 

 

 

 

 

Feliz Navidad

 

 

 

 

 

 

Director: Christian Carion

Guión: Christian Carion

Título original: Joyeux Noël

Año: 2005 País: Francia

Duración: 115 min.

Reparto: Anna Sörensen Diane Kruger Nikolaus Sprink Benno Fürmann Audebert Guillaume Canet Palmer Gary Lewis Horstmayer Daniel Brühl Ponchel Dany Boon

 

 

 

 

Sinopsis:

 

Basada en un hecho real, narra cómo durante una Navidad de la Primera Guerra Mundial, concretamente en diciembre de 1914, soldados alemanes, franceses y escoceses entierran sus diferencias y sus muertos y se ponen a jugar al fútbol. Un film candidato por Francia al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

 

 

Ideas claves: Tres ideas claves desde la fe

 

– ¿Quien es mi prójimo?

– En medio del mal, ¿se puede encontrar un atisbo de bien?

– Cuando nos encontramos de verdad con «el otro», ese encuentro transforma la relación entre los dos.

 

 

Pregunta para pensar: ¿Qué sentido tiene la Navidad? ¿A qué nos preparamos en este tiempo de Adviento?

 

Comentario:

 

Ayer comenzamos el Adviento, tiempo litúrgico para prepararnos para la Navidad. Por ello, y quizás adelantándome un poco, os traigo una historia real que sucedió en la Navidad de 1914.

 

Quizás sería bueno que vieseis primero la película y luego leyeseis el comentario. Fiaos de mí y vedla, os sorprenderá.

 

El mundo está en guerra, por motivos políticos, estalla la Primera Guerra Mundial. En un bando están principalmente Francia, Inglaterra y Rusia (Estados Unidos y Japón se unirían bastante más tarde), en el otro bando Alemania, Bulgaria, el imperio Austrohúngaro y el imperio Otomano.

 

En la primera escena de la película, después del poema recitados por tres niños (un francés, un inglés y un alemán) en el que se puede ver el punto de vista de las tres potencias, se observa como los dos hermanos escoceses están alegres porque ha empezado la guerra… ¡Están contentos!… ¡Por una guerra!…. La guerra es triste, sea por las causas que sean, toda guerra es triste, como bien refleja la cara del cura escocés, Palmer.

 

Después de invadir Bélgica, los alemanes se encuentran con una dura resistencia en Francia por parte del ejército francés e inglés (en la película son escoceses), y se crea un frente de trincheras.

 

La guerra es «sencilla»: tienes que matar a los que tienes delante. No son personas, son «el enemigo».

 

Pero el día de Nochebuena de 1914 sucede un milagro, una acción de Dios. Ambos bandos celebran la Navidad, y como están cerca se escuchan los unos a los otros cantando, festejando. Y algo les cambia. Si el enemigo es tan malo… ¿por qué celebra lo mismo que nosotros? Pasan de cantar los unos en frente de los otros a los unos con los otros. En medio de la muerte, el odio, la destrucción, encuentran un vínculo que les convierte en personas.

 

Tímidamente y de forma desconfiada, empiezan a dar ciertos pasos para el encuentro. Un árbol de Navidad, la canción de «Noche de Paz», el «Adeste Fideles»…. Encuentran cosas que les unen. Al principio, los tenientes también se sorprenden… ¿qué clase de locura es ésta que te hace cantar con el enemigo? Pero entran en el juego de Dios y acuerdan una tregua de Nochebuena, de tal forma que allí, en tierra de nadie, los soldados de ambos bandos se reúnen y celebran juntos la Navidad.

 

¿Qué hacen para celebrarlo? Comparten sus escasas provisiones, beben juntos, comparten las fotos de sus familiares, lo que verdaderamente les importa. Y celebran una Eucaristía todos juntos: «Pax Domini sit semper vobiscum» (La Paz del Señor sea siempre con vosotros), ¡que transcendencia tiene esta simple frase de la Eucaristía en esta celebración en mitad de la guerra!…

 

¡Qué locura tan grande! En mitad de la guerra celebrando una Eucaristía juntos…. Las palabras del sacerdote son claras «Esta noche esos hombres acudieron al altar como a un fuego en mitad del invierno. Hasta los no devotos vinieron a calentarse. Puede que para estar juntos. Puede que para olvidar la guerra«.

 

«Puede, pero la guerra no nos olvida«. Ha sido sólo por una noche; a la mañana siguiente les tocará volver a matarse.

 

Pero después de esa noche todo cambia, el de la trinchera de en frente ya no es un desconocido. Es alguien que tiene tus mismos anhelos. Y desde esa perspectiva, la guerra deja de tener sentido. Así que al día siguiente tampoco hay disparos. Deciden continuar la tregua para enterrar a sus respectivos muertos. Aunque se ayudan unos a otros, da igual de que bando sean, el sacerdote escocés va diciendo unas palabras por cada uno de ellos.

 

Ese día incluso llegan a jugar un partido de fútbol todos juntos.

 

Bueno, sólo ha sido un día más, volvamos a la guerra…. Ya es imposible. Se avisan los unos a los otros de los bombardeos respectivos a sus trincheras, y les resguardan en sus propias trincheras… ya no «puedo» matar a quien «debo» hacerlo.

 

Por supuesto todo esto no se entiende desde los altos mandos de ambos bandos. Los soldados deben matarse entre sí. Es fácil decirlo desde un despacho mientras en las trincheras los soldados pasan penurias.

 

Me gustaría acabar diciendo que este pequeño gesto hizo que la guerra terminase, que gracias a estos hombres que se hermanaron, se vio el sinsentido de la guerra. Pero por desgracia no fue así. Aunque hubo zonas donde la tregua duró hasta febrero (aconsejo leer el enlace de la wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Tregua_de_Navidad), los mandos desarticularon a las divisiones que habían realizado la tregua y los cambiaron de frente, y hasta más de tres años después no se llegó a la paz.

 

Pero quiero creer que este gesto, que este milagro, dejó su huella, que fue importante. Por lo menos para Dios lo fue y para la gente que lo vivió, y, aunque no lo muestra en la película, me gusta creer, que al final, después de la guerra, el teniente alemán visitó al teniente francés y se tomaron un café en su casa.

 

Espero que os guste la película, y, aunque me estoy adelantando mucho, cuando estemos celebrando la Navidad con nuestras familias, intentad recordar su auténtico sentido. Dios nace en cada uno de nosotros y nos invita al encuentro con el otro. Y, por cierto, ¡FELIZ NAVIDAD!

 

Jesús Martell

Parroquia de San Víctor (Madrid)