Película: Mi imagen, mis relaciones ¿son cristianas?

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«¿Eres auténtico en tus relaciones con los demás?»

 

 

 

 

 

 

 

STOCKHOLM

 

 

 

 

 

DIRECTOR: Rodrigo Sorogoyen

TÍTULO ORIGINAL: Stockhom.

AÑO: 2013.

PAÍS: España.

DURACIÓN: 90 min.

REPARTO: Javier Pereira y Aura Garrido.

 

 

SINOPSIS: Un chico y una chica se conocen, se observan en una fiesta. Se sienten atraídos el uno por el otro y finalmente se presentan. Da comienzo el juego del cortejo y la seducción. Acaban pasando la noche juntos, pero como en la mayoría de los juegos siempre hay alguien que gana y alguien que pierde.

 

IDEAS CLAVES: Tres ideas claves desde la fe:

 

* Corremos el peligro de convertirnos verdaderamente en la imagen de nosotros mismos que mostramos a los demás, que en ocasiones más bien es una deformación de la imagen que Dios tiene de cada uno.

 

* La vivencia cristiana de la afectividad y la sexualidad no es compatible con cualquier tipo de comportamiento, aunque estén socialmente aceptados.

 

* Los cristianos estamos llamados a generar a nuestro paso relaciones auténticas, caracterizadas por el amor y la verdad.

 

 

PREGUNTA: ¿Realmente eres auténtico en tus relaciones con los demás o también finges, disimulas, aparentas…?

 

 

COMENTARIO:

 

Vivimos en un mundo marcado por la superficialidad. Basta con fijarse en la programación y los contenidos de la televisión para hacernos una idea de hasta qué punto esto es cierto. Lo peor es que esta superficialidad se contagia y nos afecta a cada uno. De ahí la desorbitada preocupación por el cuerpo, que en mi barrio, sin ir más lejos, lleva a la mayoría de los jóvenes de quince años a apuntarse a un gimnasio y a las chicas a ser incapaces de ir a clase sin maquillaje. ¿Qué es lo que promueve la mayoría de las fotos que se suben a Twitter o Instagram? Un autorretrato poniendo morritos delante de un espejo o la necesidad de publicar al instante todo lo que uno hace son nuevas expresiones de un afán de exhibicionismo narcisista que convierte a la persona en esclava de la imagen y de las apariencias.

 

De esto mismo trata la película que nos ocupa, aunque es cierto que aborda la cuestión de una forma menos descarada que como se ha planteado en el párrafo anterior. ¿Qué pasa si esta superficialidad contamina la manera de relacionarnos con los demás, si seducir a alguien se convierte en un juego donde vence aquel que logra engañar mejor al otro? No hablamos de un caso extraño, sino de una realidad muy cotidiana que Stockholm nos presenta de forma brillante a través de unos personajes que resultan muy cercanos al espectador: un chico normal y una chica normal que se conocen y que, al igual que todos hemos hecho alguna vez, ocultan la verdad para conseguir su objetivo y tratar de disimular sus inseguridades y complejos.

 

Él dice estar enamorado y ella, que le rechaza de entrada, poco a poco se deja atrapar por él. El espectador es testigo de un acoso y derribo que muestra las diferentes armas que se suelen usar en este manipulador juego de seducción al que, por desgracia, estamos habituados. Tal es el juego de las apariencias que cuando se produce un inesperado giro en el guión a mitad de la película, el propio espectador tiene la sensación de haber sido engañado y de que es entonces cuando empieza a conocer realmente a los protagonistas.

 

En una escena de la película la chica le confiesa a su pretendiente: “¿Sabes por qué no te creía? Porque de mí nunca nadie se ha enamorado, a mí nunca me ha querido nadie”. Esta triste confesión pone de manifiesto algunas de las consecuencias negativas que tiene el que las relaciones entre las personas estén teñidas de superficialidad. En primer lugar surge la sospecha, que crea distancia entre ambas partes y dificulta el auténtico diálogo, que es el que se produce cuando uno se presenta ante el otro tal y como es. Por otra parte encontramos la falta de amor, pues lo superficial jamás colmará el corazón.

 

Durante la Cuaresma Jesús nos invita a no quedarnos en la superficie, a que nuestro ayuno, limosna y oración sean auténticos, al igual que nuestra forma de relacionarnos con los demás. Stockholm es una excelente película que nos puede hacer pensar sobre este problema que contamina nuestra sociedad. Y si alguno de los que lean esta reseña tiene prejuicios hacia el cine que se hace en nuestro país le invito a dejarlos de lado y atreverse a conocer el buen cine español, el auténtico.

 

Paco Egea SS.CC