Película: Amar a otra persona es contemplar la faz de Dios

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«¿Somos capaces de sentir la misericordia de Dios?»

 

 

 

 

 

 

 

Los miserables

 

 

 

 

 

 

 

 

Director: Tom Hooper

Guión: William Nicholson (Novela: Victor Hugo)

Título original: Les Misérables

Año: 2012

País: Reino Unido

Duración: 152 min.

Reparto: Jean Valjean Hugh Jackman Javert Russell Crowe Fantine Anne Hathaway Cosette Amanda Seyfried Marius Eddie Redmayne Enjolras Aaron Tveit Éponine Samantha Barks Thénardier Sacha Baron Cohen Madame Thénardier Helena Bonham Carter 

 

 

Sinopsis:

 

El expresidiario Jean Valjean (Hugh Jackman) es perseguido durante décadas por el despiadado policía Javert (Russell Crowe). Cuando Valjean decide hacerse cargo de Cosette, la pequeña hija de Fantine (Anne Hathaway), sus vidas cambiarán para siempre. Adaptación cinematográfica del famoso musical ‘Les misérables’, basado a su vez en la novela homónima de Víctor Hugo.

 

 

IDEAS CLAVES: Tres ideas claves desde la fe

 

– Amar y sentirnos amados nos transforma.

– La justicia sin corazón es injusta.

– El perdón nos libera. El rencor nos esclaviza.

 

 

PREGUNTA PARA PENSAR: ¿Somos capaces de sentir la misericordia de Dios? ¿Somos misericordiosos con los demás? ¿Buscamos nuestra redención o caemos en las tentaciones que nos rodean?

 

 

COMENTARIO:

Os pido que dejéis que la película os emocione. Sí, es un musical, pero de fondo tiene una historia de salvación maravillosa, y la música acompaña a la perfección los sentimientos de los personajes.

 

Hoy me voy a centrar en dos personajes y lo que les mueve por dentro.

 

– Jean Valjean es un expresidiario que cumplió una condena en prisión demasiado larga para el delito que cometió y al salir de prisión está lleno de ira «por lo que me hicieron no habrá perdón, todos son culpables». Está «marcado» por unos documentos que indican a todo el mundo que es peligroso, por lo que nadie le quiere, no puede dormir en ningún lado, nadie le da trabajo… y su ira va creciendo.

 

Un obispo le da cobijo en su iglesia «descansa hasta mañana, el dolor remitirá». Le trata como una persona, le da dignidad. Pero Jean Valjean aprovecha para robar la vajilla de plata. La ira y la necesidad es muy alta. La policía le descubre y lo presentan ante el obispo, ya que Jean Valjean osa decir que éste se la había regalado. Pero el obispo, que puede condenar a Jean Valjean, en vez de delatarlo, le indica a los policías que es verdad lo que dice, que no sólo le dio la vajilla sino que además se olvidó de coger unos candelabros de plata, lo más valioso de la iglesia.

 

Jean Valjean está desconcertado, no entiende nada. ¿Cómo puede ser que no le haya delatado? Él es un ladrón, se ha aprovechado de la buena voluntad del obispo y se ha llevado sus pertenencias. Sin embargo, el obispo le perdona, y le indica que Dios tiene para él un plan mayor, «salvo tu alma para Dios». Algo se rompe en su interior, al sentir la misericordia del obispo, reflejo de la de Dios, Jean Valjean queda transformado. Ha salvado su alma para Dios y se siente en deuda con Él. El sentirse amado, dignificado, le redime, y desde ese momento decide poner su vida en manos de Dios y hacer el bien.

 

Aunque las tentaciones nunca desaparecen. En un momento dado, acusan a un hombre de ser el fugitivo Jean Valjean: es su oportunidad de quedar completamente exonerado, pero a cambio tiene que dejar que un inocente sea condenado. Puede matar a Javert o dejarlo libre. Decide si quedarse a su «hija» Cosette o dejarla marchar con el hombre que ella ama. Las tentaciones están ahí, pero consigue no caer en ellas.

 

¿Cuáles son nuestras tentaciones? ¿Las detectamos? ¿Con qué nos autojustificamos?

 

Descubrir que puede ser amado le hace comenzar su camino de salvación. Sentirse responsable de un hecho trágico (el despido de Fantine y lo que produce en ella) le moviliza para actuar, pero el sentir que él puede amar por encima de cualquiera de sus tentaciones lo redime en absoluto. Es capaz de perdonar a quien en un principio no podía perdonar (Javert). Arriesga su vida por el amor de Cosette, y se autoinflige una vida en soledad por el bien de su hija.

 

Es curioso que Jean Valjean, haga lo que haga, siente que su «deuda» nunca está saldada. Puede hacer más, su alma es de Dios, no tiene otro remedio que exigirse más.

 

– Javert: «Yo soy la ley»; es la representación de la justicia sin corazón. Es esclavo de lo que considera correcto. Es esclavo de la ley. Nunca se saltará ni un punto ni una coma de ella, pues su camino es el de la justicia y el que se salga de él está de parte del mal. Persigue sin cesar a Jean Valjean, pues ha roto la condicional y debe volver a prisión. Javert es una roca. Es «el bueno» de la película… pero sin corazón ¿se puede ser bueno?

 

Al final, el también queda tocado por el perdón. ¿Cómo puede ser que el que es su enemigo, Jean Valjean, le perdone sin condiciones? Lo triste es que, donde Jean Valjean triunfa, él acaba derrotado. Jean Valjean deja que el perdón, el amor, le transforme, mientras que Javert no puede soportar un mundo que no es como él pensaba que era. Si la justicia no está clara, ¿dónde encaja él?

 

Y nosotros, ¿cuándo somos como Javert? ¿Cuándo juzgamos al otro según nuestro propio criterio y sentido de la moralidad? ¿Cuándo nos creemos con la verdad absoluta? ¿Cuándo no reconocemos que podemos equivocarnos? ¿Cuándo nos duele el amor y la misericordia de Dios, pues eso nos puede hacer frágiles? ¿Cuándo no admitimos el perdón de los demás? ¿Cuándo no damos el perdón al otro? ¿Cuándo nos autojustificamos tanto que podemos hacer cualquier cosa?

 

Y, ¿cuándo somos como Jean Valjean? ¿Cuándo somos humildes, reconocemos nuestros errores (pecados) y nos dejamos perdonar? ¿Cuándo dejamos que el amor y la misericordia de Dios transforme nuestra vida, pues nos hace más fuertes? ¿Cuándo somos capaces de entregarnos por el otro? ¿Cuándo entendemos que cuando salimos de nosotros mismos, cuando deseamos más la felicidad del otro que la nuestra, cuando intentamos entender al otro, nos hacemos su hermano? ¿Cuándo vemos que ahí reside nuestra felicidad, aunque el camino sea doloroso? ¿Cuándo recurrimos a la oración como tantas veces hace Jean Valjean en la película? ¿Cuándo somos conscientes de nuestras tentaciones y no caemos en ellas? ¿Cuándo nos abandonamos a la voluntad del Padre?

 

Hay muchas más cosas que saborear de la película: el personaje de Fantine; la diferencia entre Marius y Enjolras; la profundidad misericordiosa del obispo; la maldad absoluta de los Thénardier; la tristeza del amor no correspondido de Éponine; los candelabros que aparecen durante toda la película como símbolo de la conversión de Jean Valjean… Lo dejaremos para otra ocasión.

 

«Los miserables» es emoción pura. Como dije al principio, dejaos emocionar.

 

Espero que os guste la película.

 

 

Jesús Martell

Parroquia de San Víctor (Madrid)