Oración. Simplemente ser ante sus ojos

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Simplemente ser ante sus ojos

 

 

Introducción

 

Hace ya un año que el Papa lanzó a la Iglesia esta carta que lleva el nombre de “la alegría del evangelio” y que está revitalizando y casi revolucionando la vida de la Iglesia. También sobre la oración, el tiempo prvilegiado con el Señor, tiene el Papa algo que decirnos. Sus palabras, nos invitan a rezar. Párate a meditarlas, y siente que también es para ti su invitación a renovar el encuentro con Cristo.

 

Te proponemos rezar en clave de adoración, una forma de orar propia de los SSCC, y que suele hacerse ante la Eucaristía. Si no te es posible, al menos sé muy consciente de que estás en presencia de Dios… y comunícate con él.

 

 

Adorar al primer amor.

 

…necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial. (EG 264)

 

Párate a pedir a Dios esa ayuda para volver a enamorarte de él, para no quedarte en la superficie, para dejar que él complique tu vida…

 

 

Adorar dejándonos contemplar

 

Puestos ante Él con el corazón abierto, dejando que Él nos contemple, reconocemos esa mirada de amor que descubrió Natanael el día que Jesús se hizo presente y le dijo: «Cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! (EG 264)

 

El Dios que nos ha creado nos contempla y nos deja contemplarle. Déjate mirar con Dios, mirada cariñosa, maternal, incondicional. Reza despacio este salmo sintiendo esa mirada sobre ti

 

Señor, tú me sondeas y me conoces;

 me conoces cuando me siento o me levanto

 de lejos penetras mis pensamientos;

 distingues mi camino y mi descanso,

 todas mis sendas te son familiares.

                 

No ha llegado la palabra a mi lengua,

 y ya, Señor, te la sabes toda.

 Me estrechas detrás y delante,

 me cubres con tu palma.

 Tanto saber me sobrepasa,

 es sublime, y no lo abarco.

 

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

 adónde escaparé de tu mirada?

 Si escalo el cielo, allí estás tú;

 si me acuesto en el abismo allí te encuentro;

 

si vuelo hasta el margen de la aurora,

 si emigro hasta el confín del mar,

 allí me alcanzará tu izquierda,

 me agarrará tu derecha.

 

Si digo: «que al menos la tiniebla me encubra

 que la luz se haga noche en torno a mí»,

 ni la tiniebla es oscura para ti,

 la noche es clara como el día.

 

 

Tú has creado mis entrañas,

 me has tejido en el seno materno.

 Te doy gracias,

 porque me has escogido portentosamente,

 porque son admirables tus obras;

 conocías hasta el fondo de mi alma,

 no desconocías mis huesos.

 

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

 y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

 tus ojos veían mis acciones,

 se escribían todas en tu libro;

 calculados estaban mis días

 antes que llegase el primero.

 

¡Qué incomparables encuentro
tus designios,

 Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

 Si me pongo a contarlos,
son más que arena;

 si los doy por terminados,
aún me quedas tú.

 

Señor, sondéame y conoce mi corazón,

 ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

 mira si mi camino se desvía,

 guíame por el camino eterno.

 

Salmo 139

 

Adorar en el envío

 

¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! Entonces, lo que ocurre es que, en definitiva, «lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos» (1 Jn 1,3). (EG 264)

 

Antes de terminar, siente como Dios te envía a la misión: a comunicar la buena noticia que supone en tu vida, con palabras y obras. Recuerda que él va contigo, y te acompaña en cada momento.

 

Puedes acabar rezando un padre nuestro.