Evangelio Joven

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EVANGELIO JOVEN: DOMINGO DE PENTECOSTÉS

           

 

¿Quién no lo pasaría un tanto mal si tuviese que dar una catequesis sólo sobre el Espíritu Santo, es decir, pasarse una hora entera hablando exclusivamente de la tercera persona de la Trinidad? Creo que todos, o casi todos, levantaríamos la mano, ¿verdad? Bueno, pues teniendo delante este domingo las lecturas de Pentecostés no podemos dejar al Espíritu de lado. Intentemos rescatar algún aspecto esencial de cada una de ellas:

 

En la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos dice cómo el Espíritu Santo otorga el don de lenguas, es decir, la capacidad de hablar de Dios. Ahora bien, no un hablar de Dios de cualquier manera, sino con el corazón, con pasión, con ilusión, con alegría… Tener el Espíritu supone hacer nueva cualquier palabra que podamos pronunciar de Dios, supone recrear todas las cosas para que sean nuevas a los ojos del hombre. Tener el Espíritu supone que nuestra forma de hablar de Dios se convierte en el susurro que acompaña nuestra vida hasta la eternidad, contagiando a los demás de la alegría y la pasión que supone vivir en, desde y para Dios. espiritusanto_PJC.gif

 

La segunda lectura nos dice que el Espíritu habita en nosotros, nos libera del mal, y nos hace ser de Cristo. Que el Espíritu habite en nuestro interior hace que nuestro corazón se convierta en el sagrario más íntimo, en el lugar donde poder encontrarnos con fuerza con Dios. Dice una tradición rabínica que el hombre irradiará al mundo la luz de Dios siempre y cuando no apague la luz de su corazón, siempre y cuando deje actuar al Espíritu en el sagrario de su corazón. Dejar que el Espíritu habite en nosotros supone que la llama de Dios encienda nuestro corazón, pudiendo  calentar a cuantos se nos acerquen.

 

Por último, el Evangelio nos presenta al Espíritu como el que nos enseñará y nos recordará, es decir, será la memoria viva de Cristo así como su intérprete. El Espíritu Santo es el que guiará a la Iglesia, a la comunidad de sus discípulos y seguidores, en su camino, recordándole que Cristo es su fundamento, aquél que se acercó al que sufre para consolarlo. De este modo, fijaros la función tan bonita que tiene el Espíritu: ser memoria del exceso de amor que ha tenido Dios con nosotros, es el que nos recuerda que nuestro Dios es un Dios que se ha volcado (y lo seguirá haciendo) con cada uno de sus hijos.

 

Así pues, veis que el Espíritu, como dice un amigo mío, no es “moco de pavo”. Tiene una función importante en nuestra vida, y dejándole actuar en nuestro día a día hace que seamos cada vez más de Dios. Ahora bien, preguntémonos ¿tenemos la experiencia de haber vivido desde el Espíritu alguna vez? 

 

                                                            Fernando Bueno ss.cc.