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Evangelio joven: «Yo soy el pan bajado del cielo» (8 ago)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
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En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.»
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Bajar del cielo y pan nos hablan de una relación de amistad cotidiana, cercana, que se pone de manifiesto en las pequeñas cosas.

Seguramente todos conocemos la expresión “El roce hace el cariño” y en mayor o menor medida, hemos vivido algo de esto. También justamente lo contrario: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Y la afirmación que encontramos de Jesús en el Evangelio de San Juan: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo” aunque no lo parezca a simple vista, nos remite en parte a estas expresiones.

            Tenemos el pan como alimento universal, que en principio debería llegar a todos. Y es lo que se produce con esto de bajar del cielo, de nuevo, llegar a todos. Es la insistencia que encontramos en San Juan, con la iniciativa de Dios que quiere encontrarse con los hombres, para que el hombre con los pies bien puestos en la tierra suba a Dios.

            Pero esto no es posible sin la actitud de la persona de cuidar la amistad con el Señor. No se trata de ideas, de opiniones, ni de una relación a distancia. Bajar del cielo y pan nos hablan de una relación de amistad cotidiana, cercana, que se pone de manifiesto en las pequeñas cosas. Nos invita al tiempo de oración, de celebración eucarística, del sacramento del perdón, de una lectura y reflexión que ayude a despertar en el alma el deseo de Dios en nuestras vidas. De ayuda al prójimo, de acción a favor de los pobres y desfavorecidos.

Es una vida llena de relación con el Señor, de amor hacia Él y hacia el prójimo donde se entiende “El roce hace el cariño”. Y es viviendo solo para nosotros mismos, procurando solo nuestro pan, nuestras satisfacciones, nuestros antojos, como se vive “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Pues que nuestra relación con el Señor, que el cuidado de la eucaristía sea alimento que nos ayude a ir transformando nuestro corazón de piedra en corazón de carne. Que nos de la fortaleza necesaria para cargar con el peso del sufrimiento de los hermanos. Que tocar y alimentarnos de Cristo nos haga revestirnos de Él, de sus sentimientos, actitudes, opciones y acciones, que lo llevaron a amar al extremo al Padre y a los hombres. Sabiendo todos de la importancia del cuidado de lo cotidiano para ello, porque en el fondo “El roce hace el cariño”.

Nacho Domínguez ss.cc.