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Evangelio joven: «Vosotros sois testigos de esto» (29-may)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»
Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Lc 24,46-53

El Evangelio de Lucas acaba con palabras de alegría. Los discípulos han recibido la gracia de ver y comprender todo lo que ha hecho el Salvador: ha anunciado la buena noticia del Reino de Dios, ha sufrido su pasión, ha resucitado de entre los muertos, se les ha aparecido y les ha encomendado la misión de evangelizar. Ser testigos de todo esto se traduce en una “gran alegría” que les hace estar “siempre en el templo bendiciendo a Dios”.

Antes de marcharse al cielo, Jesús bendice a sus discípulos como el profeta Elías bendijo a Eliseo. Los que ven a Elías subir al cielo en un carro de fuego comentan: “el Espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo”. También Jesús comunicará su Espíritu a los discípulos, porque les promete que recibirán “la fuerza de lo alto”, que es el Espíritu Santo. Gracias al Espíritu de Jesús los discípulos se harán cada vez más símiles a él, capaces de hacer cosas iguales a las que hizo él y, también, pasar por la misma Pascua por la que pasó él.

Nosotros, hoy, recibimos la bendición de Jesús y esperamos el don de su Espíritu. Esto es para nosotros una gran alegría. Es una alegría saber que su Espíritu se posará sobre nosotros. Con su Espíritu nuestra vida se irá haciendo cada vez más parecida a la suya. Gracias a Él nos convertiremos en testigos del amor del Padre en nuestras relaciones. Ya que Él nos precede y nos acompaña, nos ayudará también a llevar nuestras cruces. Ya que el Espíritu es el alma de la Iglesia, nos hará cada vez más hermanos entre nosotros.

La promesa del Espíritu nos colma de alegría sabiendo que viene de Jesús. En estos días en que esperamos la Pentecostés, pidamos con fe el don del Espíritu, para que nos una más a Cristo, nos haga más parecidos a él y nos una más entre nosotros.

Damiano Tonegutti ss.cc.