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Evangelio joven: «Señor, danos siempre ese pan» (1 ago)

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún.
Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.»
Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?»
Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.»
«¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: «Dios les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.»
Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.»
Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»

(Jn 6, 24-35) Domingo 18 del Tiempo Ordinario

¡Qué difícil es explicar a un joven (o no joven) de la España de 2021 la Palabra de Dios escogida para este domingo! Se trata de explicarte que si vives en Cristo nunca más pasarás hambre ni sed… ¡Pero si nunca has sufrido esa experiencia! y… bendito sea el Señor, que nunca la tengas que sufrir. Yo tampoco he padecido hambre en mi vida, pero sí que he visto de cerca la desnutrición. En realidad, se trata de otro de los muchos fallos que provoca la corrupción y el egoísmo humanos. En este mundo globalizado donde nos ha tocado vivir, sería bastante simple acabar con el hambre en todo el planeta. De hecho, las situaciones de hambrunas que se producen en la actualidad, nada tienen que ver con periodos de sequía prolongados, sino que detrás de cada hambruna hay un «Señor de la guerra» o unos intereses económicos territoriales o de materias primas. 

Tenemos sed de una mayor calidad de vida humana

Pero lo que nos trae la Palabra de Dios hoy parece referirse a una experiencia más profunda. Parte, efectivamente, del hambre física sufrida por el pueblo en el desierto, unos 1.500 años antes de Jesucristo y que dejó huella, porque en tiempos de Jesucristo todavía se acordaban de esa importante experiencia. 

Ahora, los oyentes de Jesús, le piden un poco más de aquel pan (maná) bajado del cielo, que alimentó al pueblo y lo salvó de morir en la inanición. Pero como la situación no es tan agobiante como en aquellos otros tiempos, Jesús se permite dar un pequeño-gran salto: «Me pides pan del cielo y, efectivamente, yo te lo puedo ofrecer, pero no ya un pan físico, sino un pan que te alimente espiritualmente y vitalmente«. Claro es que todos se apuntan al pan aquel. Así que Jesús aprovecha la ocasión para explicar que Él es ese PAN DE VIDA, pan que sacia, pan que llena, pan que alimenta aquellas inquietudes humanas que van más allá de los simples «apetitos». En Jesús se encuentra la fuente Viva, la que de verdad calma la sed, pero la sed que seguimos compartiendo todos los humanos, esa sed de más vida, de vida de calidad, de vida en abundancia. Tenemos sed de una mayor calidad de vida humana, de relaciones limpias, alegres, familiares, entrañables, donde el perdón sea fácil de conseguir, donde abunden las sonrisas, donde el cariño sea la forma normal de relacionarse, donde la gente viva preocupada por el «hambre» de los demás. Jesús te cambia la vida porque reorienta tus «hambres carnales o mundanas» en «hambres de eternidad», en hambre de amor, en sed de Dios. Jesús se planta en tu vida para que todo lo que haces tenga sentido. 

Teniendo esto en cuenta, es posible que la 2ª lectura se te haga mucho más clara hoy. Con Jesús, eres invitado a «vestirte de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios«. Tú y yo estamos invitados a vivir según Cristo, huyendo de la vacuidad, de una vida superficial, sin valores ni criterios. Estamos llamados a vivir según el Evangelio que nos conduce a lo más alto, a la santidad.

Joaquín Garre sscc