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Evangelio joven: «Recibimos más de lo que damos» (28-jul)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

“He recibido más de lo que he dado”. Esta es una expresión que escuchamos con frecuencia cuando realizamos actividades a favor de los demás, o cuando hemos puesto algo de nuestra parte y se nos ha devuelto más de lo que esperábamos. ¿No te ha pasado eso con una convivencia o con algún campo de trabajo este verano? Es una dinámica propia del amor. Cuanto más se da, más crece y se multiplica. Por eso el amor puedo obrar milagros, porque desencadena una fuerza que llega más allá de lo esperado.

«¿De donde sacaremos pan», pregunta Jesús. ¿Con qué esperanza mira Jesús los problemas antes de resolverlos: esperanza en Dios, esperanza en el ser humano? ¿quizás lo que puede adivinar ya Jesús es la esperanza de ese “muchacho” que ofrece su pan y sus peces?

Podríamos leer el evangelio de este domingo con esta mirada. Jesús multiplica los panes y los peces de un muchacho y da de comer a muchas personas. Entre el principio y el final ha pasado algo para que esto ocurra, los que se encontraron con Jesús ese día han experimentado también eso de “hemos recibido más de lo que hemos dado”: ¿cómo ha pasado? ¿qué es lo que ha provocado esta situación tan sorprendente y dichosa? ¿por qué con ese poco, y con el “poder” de ese muchacho puede Jesús sacar alimento para muchos y aún sobrar? ¿qué es lo que los apóstoles, tan acostumbrados a las maneras de Jesús, no pueden calcular, qué estrategia se les oculta a sus ojos, quizás faltos de fe? Dice el texto que Jesús “sabía lo que iba a hacer” y que la pregunta sobre cómo solucionar el problema del alimento se la formuló a Felipe “para probarlo”, ¿con qué esperanza mira Jesús los problemas antes de resolverlos: esperanza en Dios, esperanza en el ser humano? ¿quizás lo que puede adivinar ya Jesús es la esperanza de ese “muchacho” –su fe, su desprendimiento de amor- que ofrece su pan y sus peces? ¿Quién es este muchacho, de dónde sale, cuál es su historia, por qué es él quien mueve ficha para acabar con el cansancio de ese pueblo que andaba como oveja sin pastor? Parece un discípulo anónimo y discreto, de esos que sintonizan con Jesús antes de que abra la boca, un “pequeño” de los que han recibido y entendido el mensaje del Reino y por lo Jesús da gracias en otra escena del evangelio. Él sabe aquello que le gustaba decir a Jesús, que hay más alegría en dar que en recibir, y se pone a la tarea, sin calcular y sin miedo al ridículo o a que le llamen loco. ¿Cómo sería ese cruce de miradas entre Jesús y el muchacho en ese momento en el que entrega sus pobres ofrendas? Quizás la inteligencia espiritual de ese muchacho guarde el secreto de este milagro. Tendremos que ponernos junto a él y aprender de él.

Recibimos más de lo que damos. Esa es la buena noticia de este domingo. Para entender esto hay que hacerse pequeños, recibir en el corazón el mensaje del Evangelio, sintonizar con los sentimientos de Jesús y aportar, de nuestra pobreza, la posibilidad del milagro. “Aquí hay uno” dice Andrés, el apóstol. Ya son más de uno los que siguen dando de lo suyo para, por obra de Dios, alimentar a muchos: ¿tú estás entre ellos?

José Luis Pérez Castañeda ss.cc.