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Evangelio joven: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (19-sep)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

(Mc 9,30-37) Domingo 25º del Tiempo Ordinario

“Nos resulta incómodo…se opone a nuestras acciones” dice la primera lectura del hombre justo. Pues bien, eso mismo podrían decir los discípulos al oir las cosas que Jesús les decía. No es el Maestro alguien que solo alienta el seguimiento con buenas palabras, entusiastas y animadoras. Recorrido un trecho del camino, constatado que a pesar de todo lo dejado (por fuera) los criterios del mundo siguen estando ahí dentro, ya en la segunda mitad del Evangelio de Marcos y cuando se aborda la denominada “segunda llamada” Jesús necesita intervenir más duramente en la vida de los “suyos” si quiere que verdaderamente lo sigan siendo.

A ti, que eres catequista, profesor, voluntario… ¿Te llama el Señor?

Esta “segunda llamada” a diferencia de la primera no se realiza en el horizonte del Reino de Dios sino de la Pasión, que Jesús llegará a anunciarles por tres veces (la de hoy es la segunda después de la del domingo pasado) y a diferencia de la primera se dirige no a todo seguidor de Jesús sino solo a aquellos que han recibido de Él una misión con respecto a los demás (¿a ti si eres catequista, profesor, voluntario…?)

Bien, pues después de hacerles ese anuncio y una vez llegan a casa y se entera de qué han estado discutiendo mientras les enseñaba por el camino decide llamarlos ¡a todos! para que ninguno deje de escuchar lo que va a decirles, y para lo cual como todo Maestro cuando va a dar una lección importante se sienta: “Quien quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”.

Es la enseñanza necesaria para todo aquel que recibe una misión, no quieras servirte de ella para codearte con los grandes, acoge mejor a un niño y en él me estarás acogiendo a mi (me gusta imaginármelo sucio, descalzo, indefenso, despeinado y con mocos). Solo así corregiremos nuestro deseo de “ser alguien” (lo opuesto a la enseñanza del primer anuncio dirigido a todos “negarse a sí mismo”) y de “ser reconocidos” (lo opuesto a lo que les estaba preocupando a los discípulos: ser importantes).

Decía Carlos de Foucauld que él quería ocupar el penúltimo lugar para estar muy cerca de Jesús, que ocupa el último.

Poldo ss.cc.