Evangelio Joven. ¿Por qué la vida común no nos alcanza?

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¿Por qué la vida común no nos alcanza?

 

Toda vida humana abriga la esperanza que es única y extraordinaria. Sentimos que no somos meros accidentes o simples víctimas del destino. El fondo de nuestra vida nos dice que tenemos un sentido, una misión o que estamos por algo o alguien. No hay nada más triste que una vida sin rumbo. En contraste, uno de los mayores temores que nos puede sobrevenir es creer que no somos valiosos o únicos, que nada en nuestra vida nos distingue y nunca seremos recordados.

 

En este inicio del tiempo ordinario, este evangelio da pistas para superar esa tensión tan propia de la condición humana.

esteeselcorderodedios2.jpgEl evangelio tiene como protagonista a Juan Bautista, quien se sobrepuso al temor de una vida frustrada por los «segundos lugares». La figura de Juan nos recuerda que el sentido de nuestra vida está fuera de nosotros mismos, en ese «alguien más importante que yo» y nos recuerda que la vida del cristiano está llamada a ser vivida en el anonimato de quien se oculta en Cristo.

 

El bautista no conocía a «ese más grande» que venía como portador del Espíritu a quitar el pecado y el mal del mundo. Pero sabía que ha sido enviado para preparar el camino a «uno más importante» y sabe que toda su misión está orientada en revelar a Israel al que ha de venir.

 

En la narración, el Espíritu baja desde un cielo abierto y se posa sobre Jesús, para expresar que su propia esencia es el cumplimiento de la voluntad de Dios. Este Espíritu, más que algo excesivamente espiritualizado, es una nueva vitalidad para amar, lo que se traduce en gestos concretos hacia los demás. 

 

Este evangelio supone un choque con nuestro mundo actual, que tiene cierta obsesión por la competencia, la obligación constante y la necesidad de ocultar todas nuestras mediocridades.

 

Hace poco un sacerdote norteamericano se preguntaba…

¿Por qué la vida común no nos alcanza? ¿por qué parece que nuestras vidas son pueblerinas, poco importantes, demasiado insignificantes, y que no son lo suficientemente importantes? ¿por qué nos sentimos mediocres, insatisfechos, descontentos de ser como los demás?

 

La figura de Juan en este evangelio nos habla de alguien que encontró plenitud y sentido desde un segundo lugar. Juan superó la tendencia que todos tenemos de querer «dejar nuestra marca» y sentirnos especiales que el resto. Juan vivió para mostrar que la vida verdadera no está en una vida centrada en nosotros mismos. No hay mayor alegría y libertad que desaparecer en el servicio y el amor.

 

Estoy seguro que este evangelio nos puede ayudar a ser más humildes, a abrazaros mutuamente, a celebrar con gratitud los talentos y la vida de cada uno. Con estas palabras del evangelio de Juan en nuestro corazón se podrán derribar las mascaras que nuestra vida tiene, desvanecer nuestras envidias e imágenes que proyectamos. Saber que el sentido de nuestra vida está en ese que «es más importante que yo» nos puede ayudar a terminar nuestras egoístas competencias y nos pueden conducir a una vida más sencilla y feliz. La vida común basta, porque toda nuestra vida y talento procede del amor de Dios.

 

Nicolás Viel sscc