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Evangelio joven: «No tentarás al Señor, tu Dios» (6-mar)

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»
Jesús le contestó: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo.»
Jesús le contestó: «Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó: Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Lc 4,1-13

El evangelio de hoy nos habla de realidad muy humana. No lo digo yo, sino muchos de mis alumnos de Bachillerato que, al tener que trabajar una experiencia auténticamente humana, han optado por ésta: la de ser tentados por cosas que no nos convienen.

«Humano, demasiado humano», se lamentaba el triste profeta de nuestra época. Como si lo de ser demasiado humano fuera una fatalidad y no nos quedara otra que fracasar una y otra vez. Y sin embargo… aquí vemos al mismísimo Dios empeñado en «humanarse» hasta el fondo.

¡Y qué cierto es que la realidad nos pone continuamente a prueba!

Me gusta esta lectura porque en ella vemos, ciertamente, a un Jesús humano: siente hambre, se vive en un cuerpo limitado, sufre por la presión de su misión, sabe de las necesidades de su ego…

Pero me gusta más todavía porque a Jesús, lo de ser un ser humano, le sale divinamente. Y nos revela así la verdadera grandeza de lo humano: no supeditarlo todo a la propia necesidad y supervivencia, reconocer que el mundo no está al servicio de mi ego, aceptar que Dios no está para servirnos a nosotros.

En el Padrenuestro rezamos: «No nos dejes caer en el peirasmos». La palabra griega que traducimos por ‘tentación’ significa a la vez ‘prueba’. ¡Y qué cierto es que la realidad nos pone continuamente a prueba! Pone a prueba nuestra determinación de estudiar con un móvil que no deja de vibrar. O el compromiso con mi grupo o comunidad los días que estoy cansado. O mi deseo de rezar cuando deja de llenarme. O mis deseos de parecerme al Señor cuando el que tengo al lado –un amigo, compañero, familiar– es más pesado o menos agradable de lo que yo querría.

Comienza la Cuaresma. La realidad te va a poner a prueba. Mira a Jesús… para no caer en la tentación.

Pablo Bernal sscc