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Evangelio joven: «Lo propio del Hijo de Dios» (25-mar)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
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Este domingo es domingo de Ramos. Nos encontramos ya a las puertas de la semana santa, y conmemoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, unos días antes de los sucesos de su muerte. Sin embargo, las lecturas nos invitan a considerar al completo los acontecimientos de la Pasión del Señor, que leeremos casi entera según la narra san Marcos.

Los estudiosos piensan que Mc es el primer evangelio que se escribió y además que la narración de la Pasión de Jesús es lo más antiguo dentro de dicho libro. Por lo tanto, nos encontramos ante un texto muy cercano a los acontecimientos narrados, quizás solo unos 20 o 25 años posterior a la muerte y resurrección de Jesús, y que contó con el testimonio de testigos directos.

El centurión de Mc es un personaje muy importante. Trata de mirar a través de sus ojos todo lo que ocurre en la Pasión del Señor y escucha su confesión al final: «Realmente este era el Hijo de Dios».

En la Pasión según Marcos hay un personaje muy importante. Se trata del centurión que habla al final para afirmar: «Realmente este hombre era Hijo de Dios». Este domingo, ¡estate muy atento para no perdértelo!

Este centurión –que no aparece en los otros evangelios o aparece jugando un papel distinto– encarna el mensaje que Marcos quiere hacernos descubrir: que el hombre Jesús es el Hijo de Dios. Ahora bien, el evangelista hace algo desconcertante: en vez de ir mostrándonos un Jesús cada vez más poderoso y glorioso (como por ejemplo hace san Juan), nos va a mostrar un Jesús cada vez más débil e impotente. Y esto llega a su máxima expresión en el relato de la Pasión.

Pues bien, llegamos a lo que nos interesa. Mientras escuchas o relees el relato de la pasión de este domingo, trata de ponerte en los ojos de este centurión romano y fíjate en todo lo que él va viendo: a Jesús que calla ante las insidiosas maniobras de Pilato… a Jesús que es relegado frente al bandido Barrabás… a Jesús coronado de espinas, insultado y escarnecido por sus soldados (y quizás por él mismo)… a Jesús camino de la cruz, medio muerto, sin fuerzas… a Jesús que, llegada la hora sexta, muere en la oscuridad tras proferir un grito desgarrador a su Dios…

¿Bajo qué lógica es posible entonces declarar que este Jesús que ha llegado a lo más bajo realmente era Hijo de Dios? Se trata de una lógica aparentemente absurda e incomprensible. Se trata de la lógica de la cruz que san Pablo nos describe en la segunda lectura: la lógica de que lo más divino no es alardear de la categoría de Dios, sino tomar el camino del despojarse, de optar por la condición más baja y servil, actuando como un cualquiera.

En conclusión, las lecturas de este domingo nos invitan a entrar en la semana santa recordando que lo propio de Dios no es la magnificencia, el poder y los milagros. No. Lo propio de Dios es rebajarse para someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Ahí, entonces, descubriremos como el centurión romano de Marcos al que realmente era el Hijo de Dios y que, porque entregó la vida, venció a la muerte por nosotros.

Pablo Bernal Rubio ss.cc.