Evangelio Joven. La cruz que nos salva

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LA CRUZ QUE NOS SALVA

 

Evangelio Joven/luz cruz.jpgEste domingo celebramos la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. Y surge la pregunta ¿se puede exaltar (alabar) un instrumento de tortura como es la cruz? Y la respuesta es sí. Jesús todo lo que toca la transforma, y con la cruz hace la mismo. Un instrumento de tortura y muerte lo convierte en un instrumento de salvación. Un símbolo de muerte es transformado en símbolo de vida.

 

 

Mirar la cruz nos hace recordar que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen el él, sino que tengan vida eterna”. La cruz es ese recuerdo del amor infinito del Padre hacia nosotros, que manda a su Hijo a nuestro encuentro para salvarnos. Hoy día creemos en el hombre “hecho así mismo” y valoramos en exceso nuestras propias fuerzas, por lo que nos cuesta asumir que necesitamos ser salvados. Esta fiesta nos lo recuerda, sin Dios no somos nada, sin su Amor salvífico nuestra vida no tiene sentido.

 

 

Evangelio Joven/pasion-de-cristo-clavo.jpgLa cruz por sí misma no salva, sino que lo que nos salva es ese amor derramado en ella por Cristo. Al morir en la cruz, nos dio la más grande prueba de Amor, y nos hace ver la verdad de sus palabras cuando decía que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

 

 

Se nos suele acusar a los cristianos de ser una religión dolorista, de regodearnos con el dolor. Nosotros no amamos al dolor por el dolor, sino que amamos al dolor que nos salva, no porque duela, sino porque nos salva. Por desgracia, o por suerte, cruces no nos faltarán en nuestra vida, en nuestras manos está, con la ayuda de Dios, en hacer de nuestras cruces instrumentos de salvación, porque las cruces llevadas con amor nos salvan, pero si nos falta el amor nos destruyen.

 

 

Decía san Pablo que “la predicación de la cruz es locura para los que se pierden… pero es fuerza de Dios para los que se salvan”. Pidámosle al Señor este domingo, que su cruz no nos escandalice, que seamos valientes para llevarlas en nuestro pecho y que veamos en ella la fuerza que nos salva.

 

Pablo Márquez sscc