En este momento estás viendo Evangelio joven: «Estad atentos, vigilad» (29-nov)

Evangelio joven: «Estad atentos, vigilad» (29-nov)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:3 minutos de lectura

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».
(Mc 13, 33-37) Domingo 1º de Adviento

Entramos en Adviento casi sin quererlo. En medio de estos tiempos raros, con el Covid a cuestas… Cansados, saturados de informaciones apocalípticas que parecen querer sumirnos en el caos y el sinsentido… ¿hay que prepararse para el Adviento? ¿Qué sentido tiene ejercitarnos en la espera, si lo que nos esperan son unas navidades raras y difíciles? ¿No esperábamos en marzo que esta situación nos “hiciera mejores”? ¿Podemos seguir esperando algo bueno?

¿Qué esperar cuando estás esperando… a que pase el Covid?

Isaías no dista mucho de nosotros, y la lectura con la que empezamos este tiempo bien podría (adaptada a nuestro lenguaje) estar escrita para nuestro hoy. En ella el profeta recoge esa oración de Israel que no entiende dónde está Dios en el momento de dificultad. Y es su trampolín para recordarnos que, aunque no lo veamos con claridad, Dios ha estado en nuestra vida, y volveremos a encontrarnos con Él; recordarnos que somos arcilla en sus manos, que Dios no abandonó nunca a su pueblo, y tampoco lo hará ahora. Que siempre cumple sus promesas.

Adviento quiere decir tener nostalgia. Y quizás por eso tiene sentido volver a vivirlo. Tenemos nostalgia de “buenas noticias”, nostalgia de una vida segura, plena, con sentido… y mientras tengamos nostalgias, hay esperanza. Adviento también es volverse impaciente. Impaciente porque me falta algo, porque me falta amor, me faltan los míos… ¿Porque me falta Dios? Quizás tengamos que preguntarnos desde esa nostalgia e impaciencia qué es lo que nuestro corazón desea, ese anhelo profundo que nada ni nadie puede apagar, y que sigue ahí, latiendo, tirando de nosotros. Y el que es fiel, dice San Pablo, el que nos llamó a la Vida, nos la dará, en abundancia.

Que con María, mujer que supo decir “sí” a Dios, “para todos los días de una vida que aún no ha sido vivida”, volvamos a ponernos en camino. Así nos lo han recordado nuestros hermanos Pablo y Bea en sus votos perpetuos, celebraciones que aún resuenan en nosotros y que nos adentran en el Adviento, ojalá que con la esperanza renovada.

Tened ánimo. Velad. Vendrá.