En este momento estás viendo Evangelio joven: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (3-abr)

Evangelio joven: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (3-abr)

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
– «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
– «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
– «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó:
– «Ninguno, Señor».
Jesús dijo:
– «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Jn 8,1-11

Jesús coloca a cada uno delante de su verdad: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. ¿Hay alguien que no haya hecho algo mal alguna vez?

Jesús no pide piedad, ni comprensión. Nos coloca delante del espejo, para que nos veamos como somos: unas personas limitadas y deficientes que además de hacer cosas buenas, también las hacemos malas.

En el evangelio Jesús no pide arrepentimiento, ni reparación. Perdona y sólo le dice a la mujer: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más»

Aquí está la novedad. Otorgar el perdón antes de que se pida o se haga algo para reparar la falta. Jesús nos muestra la misericordia de Dios que nos ofrece su perdón y la posibilidad de volver a retomar el camino, pero ya no como pecadores, sino como personas perdonadas, renovadas.

¿Acepto la gracia del perdón y de la misericordia que Dios me ofrece y se la ofrezco a los demás?

Raúl Valverde Cesteros ss.cc