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Evangelio joven: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (26-jun)

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Lc 9,51-62

«Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene donde recostar la cabeza». Es curioso, a veces el Evangelio tienen tantas resonancias en algunos lugares que produce vértigo reconocer su actualidad, porque nos trastoca, sobre todo, a través de las vidas más golpeadas.

Hace poco he vuelto a revisitar la comunidad de nuestras hermanas ss.cc. en Bojay (México), donde atienden la Casa de Migrantes El Samaritano. El calor del mediodía era sofocante y había un grupo de jóvenes migrantes a un kilómetro esperando a poder subir al tren “La Bestia” o también conocido como el tren de “La Muerte”. Acompañé a las hermanas junto con algún voluntario a llevarles comida y bebida que aliviara su espera. Mientras servíamos los frijoles, estos migrantes hondureños contaban cómo recientemente han muerto cinco jóvenes de su país en el tren porque entraron en un vagón tóxico que acabó con sus vidas. También las hermanas han sido testigos de la muerte de otro joven migrante que, al querer subir al tren que iba a mucha velocidad, la máquina sesgó su cuerpo en dos. Historias de vida realmente duras a las que nuestras hermanas ss.cc. dan respuesta generosa cada día, para todas estas personas que no tienen, como el Hijo del Hombre, donde reclinar la cabeza de una manera segura.

En esa misma conversación, bajo la sombra de un gran árbol, uno de los jóvenes, con los pies dolorido por la caminata, decía que él continuaría adelante, que no iba a mirar para atrás, a pesar de todas las dificultades. Y nos señalaba sus pies. Nuevamente me resonaba otra de las enseñanzas de Jesús en el Evangelio de este Domingo: «El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios». Es cierto que no siempre se puede realizar el camino, que hay que pararse, que podemos ver otras posibilidades, pero hay situaciones en las que no valen cálculos y en las que no se puede mirar atrás. Ojalá la valentía de estos jóvenes que se juegan la vida por un futuro mejor, nos ayude a aprovechar más nuestro propio hogar, a valorar nuestra familia, nuestras posibilidades y oportunidades. No las desaprovechemos mirando hacia atrás, mirando hacia otros lados engatusados por deseos y fantasías. Recordemos que la realidad nos habla del dolor de pies de jóvenes que luchan por una vida digna. En sus historias, como en la nuestra, nos habla Jesús en su Evangelio. No perdamos el tren de la vida. Subamos a él para aprovecharla en plenitud.

Fernando Cordero ss.cc.