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Evangelio Joven. Effetá

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

 

 

 

 

 

EFFETÁ

 

Este domingo nos encontramos con el Evangelio que inspira uno de los signos que pueden hacerse en el sacramento del bautismo, el “effetá” (“ábrete”), tomado de la palabra que dice Jesús al realizar el milagro.

 

 

Tanto en la primera lectura, como en el Evangelio se habla de la sanación de los oídos y la lengua. Y en la primera lectura y en el salmo se habla de la sanación de los ojos.

 

 

/marta-ojos-marrones.jpgPor ello, la liturgia de hoy me lleva a preguntarme en qué medida están enfermos, necesitados de sanación mis ojos, mis oídos y mi lengua. No en un sentido físico, sino más profundo. Los oídos y los ojos, dos sentidos, nos llevan a comunicarnos con la realidad. Y en esa realidad descubrimos la presencia de Dios, de los que nos rodean y de uno mismo. Por tanto, ¿soy capaz de conocer esa realidad y dejar que me muestre lo que quiera?, ¿soy capaz de descubrir la presencia de Dios a mi alrededor, de escuchar lo que Dios quiere decirme? ¿Llego a mirar a los otros en su profundidad, como Dios es capaz de verlos? ¿Puedo escuchar al otro sin prejuicios, en lo que verdaderamente quiere decirme, tratando de descubrir su verdad? ¿Estoy realmente atento a las llamadas de auxilio que me lanzan mis hermanos? ¿Vivo mi existencia con suficiente profundidad como para mirar en mí, descubrir quién soy, escuchar la voz de mi propia persona y no quedarme en una mirada superficial o apresurada, siguiendo lo primero que surge en mí de manera impulsiva?

 

 

Y mi lengua… Solo si hago el anterior ejercicio, hablará “sin dificultad”. La primera lectura dice que cantará. Si pienso en el canto, si es bueno, emociona y conecta con el que lo escucha. ¿Mis palabras tienen esa capacidad de conectar con quien me escucha? ¿Mis palabras serían pronunciadas por Dios? ¿Mis palabras sanan? Creo que un buen ejercicio es durante unos días, por la noche, pararse a pensar qué ha salido de mi boca, qué palabras he pronunciado, qué han conseguido, qué efecto han tenido. ¿Han sido sanación o condenación?, ¿bendición o maldición?

 

 

Evangelio Joven/Escuchando la voz de Dios.jpgPor el bautismo se nos constituye, con la unción del sagrado crisma, entre otras cosas, en profetas, capaces de escuchar a Dios y hablar en su nombre. Y, en relación con esto, uno de los signos que se pueden hacer es el effetá, haciendo la señal de la cruz en los oídos y los labios de quien se bautiza. Por tanto, por el bautismo se nos abren los oídos y se nos suelta la lengua para concedernos estas capacidades. La cuestión es si nosotros en nuestra vida permitimos que la gracia las desarrolle y cooperamos con ella o, ejerciendo erróneamente nuestra libertad, se lo impedimos.

 

 

Cada día estoy más convencido del poder de nuestra mirada, nuestra escucha y nuestra palabra. Jesús supo ejercer ese poder para sanar y empoderar a otros, como contemplamos en el signo que nos presenta el Evangelio de este domingo. Cabría preguntarse qué uso hago del poder que tengo sobre las personas que me rodean. A veces prefiero que los que me rodeen sean ciegos, sordos y mudos.

 

 

Francisco Cruz Rivero sscc