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Evangelio joven: «Effetá» (5-sep)

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
(Mc 7,31-37) Domingo 23º del tiempo ordinario

¿En qué necesito yo ser sanado?¿Ante qué cosas soy mudo y sordo?

“Effetá” (ábrete) es la palabra que resuena hoy en el Evangelio. Palabra que nos invita a profundizar como esto resuena en nuestra vida. Jesús abre los oídos y suelta la lengua de un hombre que era sordo y que casi no podía hablar. Pero cuando Jesús hace un milagro, no lo hace para dejar a la gente con la boca abierta, sino que son un signo de algo mayor. Los milagros que Jesús realiza son signo de la presencia de Dios en el mundo, signo de que el Mesías esperado ya está aquí, en medio de ellos y en medio de nosotros.

 Los judíos llevaban siglos oyendo que cuando llegara el Mesías: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”. Así que el mensaje en aquel contexto era claro: Jesús hace oír a los sordos, hace hablar al mudo, luego Jesús es el Mesías.

Ante esta acción salvífica y sanadora de Jesús sería interesante preguntarse ¿En qué necesito ser yo sanado? ¿Ante qué cosas soy mudo y sordo? Porque puede pasarnos que, a pesar de que podemos oír y hablar con facilidad, sin embargo, muchas veces, tenemos los oídos taponados y la lengua trabada.

Cuando no somos capaces de escuchar a Dios que nos habla, o no somos capaces de prestar oído al hermano que desde su sufrimiento nos pide ayuda, o no tenemos la lengua suelta para anunciar a los demás el Evangelio y proclamar sin miedo las grandezas de Dios, necesitamos ser sanados por Él. Dios ha venido para abrirnos los oídos y soltarnos la lengua, para que podamos escucharle y hablar de Él. Cristo pronuncia sobre nosotros su palabra salvadora “Effetá”.

Pablo Márquez ss.cc