Evangelio Joven. ¿Dios-con-nosotros?

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¿Dios-con-nosotros?

 

A veces me siento solo. No me gusta reconocerlo por ahí, pero la verdad es que de vez en cuando me ocurre. La solución podría parecer simple: llamar a algún amigo e irse a dar una vuelta. Pero en ocasiones ni con eso se pasa. Lo peor es cuando el sentimiento se prolonga durante una temporada. Cuando esto me sucede suele coincidir con que atravieso alguna dificultad en mi vida, ya sea en los estudios, en la familia o con los amigos. Entonces me agobio, siento que no doy para más, que las cosas no dependen de mí… A veces incluso lloro.

 

¿Tú lloras? ¿Te has sentido solo últimamente? Imagino que no estoy loco y que no soy el único. Quiero pensar que en parte comprendes lo que te cuento porque estoy seguro de que también has pasado por algo así.

 

Encima en esta época del año me ocurre con relativa facilidad. Puede que sea por culpa de tantos programas que resumen lo mejor del año, por esos anuncios donde todo es perfecto o por tantos tweets en los que la gente celebra la llegada de la Navidad y que tanta envidia me despiertan. Me hacen caer en la cuenta de lo que no me gusta de mi vida. Lo que peor llevo es que parece que estar alegre fuese una obligación y claro, si no lo estás toca tratar de disimularlo. Estoy cansado de disimular.

 

Ayer en el grupo leímos el evangelio de este domingo. Hablamos durante un buen rato de la figura de José (un buenazo al que me parezco muy poco). Algunos se extrañaban ante los aspecto más extraordinarios del pasaje, como lo de la virginidad de María o la aparición de un ángel en sueños a José. Lo cierto es que no presté mucha atención hasta que releyendo la fotocopia que me dieron me detuve en lo que quiere decir el nombre “Jesús”. Parece ser que significa “Dios-con-nosotros”.

 

¿Quiere decir eso que no tengo por qué sentirme solo? ¿Qué como Dios dejó su trono celestial –por así decirlo- para mezclarse con las personas y guiarlas yo ahora debo creer que me acompaña de alguna extraña manera que no logro entender? ¿Qué comprende perfectamente cómo me siento? ¿Qué del mismo modo en que Dios apostó por la humanidad y vino al mundo Él confía en que yo logre levantarme con su ayuda cada vez que me tropiezo? Me encantaría creerlo y sentirlo, pero todavía no tengo tanta fe.

 

Al final de la reunión mi catequista me preguntó a solas qué me pasaba, pues me veía apagado y no había intervenido nada. Le respondí con evasivas y para que viese que había atendido le comenté por encima mi reflexión sobre lo del nombre. Me respondió que no iba descaminado y me animó a escribir una carta a ese “Dios-con-nosotros” contándole lo que fuese que me ocurría.

 

No sé muy bien por qué, pero le hice caso. Y por eso te escribo estas líneas, Jesús. La idea de que hayas venido al mundo a acompañarme (bueno, a mí y supongo que a todos) me consuela y mientras te escribía en algún momento lo he sentido. En esos momentos he mirado mi vida de otra manera y he creído que algunas cosas podrían llegar a ser diferentes. Supongo que eso es la esperanza.

 

En fin, me despido ya. Al final va a resultar que no hace falta mucha fe para tener esperanza. Ayúdame tú a intentar que no se apague. Ojalá juntos consigamos lo que yo solo no puedo.

 

Gracias.