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Evangelio joven: «Decide» (14-oct)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

Lecturas

Ha pasado ya el comienzo de curso y algo de octubre. Colea todavía el “gran  maratón” de muchos padres. Consiste en buscar múltiples posibilidades extraescolares. En muchas familias parecen retrasar el darse cuenta de que sus hijos no son “diosecillos” que saben y pueden todo. Deberían saber tocar el piano, ser buenos deportistas, conocer varios idiomas –inglés por supuesto y otro que esté de moda– y también por qué no algún grupo de fe para que no nos falte nada y “mi niño” sea todo.

Con la adolescencia uno mismo se va dando cuenta de que no sirve para todo. Ni siquiera te gusta todo. Y tienes que ir decidiendo. Ya sabes que no eres un figura en este o aquel deporte, ni el mejor músico. Tampoco eres amigo de todos y muchos que naturalmente estaban a tu lado o que tú buscabas, ni te interesan ni les interesas.

Este bajar del Olimpo de los dioses no es malo. Crecer y madurar es saber que no eres omnipotente y que te tienes que ir haciendo. La suerte y las influencias influyen en tu carácter pero es esencial elegir. Quien no decide no madura. Quien retrasa las decisiones sobre estudios , amigos, amores, vocación…. retrasa su crecimiento. Los adultos –por personalidad, no por edad– son aquellos que han pensado bien sus decisiones y luego se deciden. Si pensaron con la cabeza, y con el corazón, con fuerza, “a pleno pulmón”, incluso al equivocarse aprenden. Porque van hasta el final de la experiencia y conscientes de lo que hacen, y aprenden –y mucho– de sus propios fallos. Y crecen gracias a sus buenos aciertos.

Si no le hurtas tu corazón; si te das de verdad, Jesús no permitirá que te vayas triste como el joven, sino que te enseñará la riqueza que eres como persona y como hijo de Dios. Pero… decide.

En las cosas del amor –en las cosas del querer– no se puede ir a la mitad. Las cosas del amor son la pareja pero también la fe pues la relación con Jesús es personal. Cosas del amor es la vocación, la amistad, tu compromiso… en todo eso Dios apuesta fuerte por ti y no quiere solo la mitad de tu corazón. Por eso Dios ha hecho las cosas importantes del mundo necesitadas de totalidad: si un esposo quisiera mucho a su mujer pero no del todo, sería una pantomima. Al principio parecería ir todo bien pero alguna vez se descubriría que en el corazón del marido hay sombras y en definitiva que él es más importante que ella. Si un amigo ayudará mucho a otro pero no fuera sincero, alguna vez la amistad se pararía porque barruntaríamos que no estás del todo conmigo y sospecho que no sé del todo quién eres. Si un religioso tuviera reservas en su corazón, haría muchas cosas buenas tal vez pero en el momento de la entrega y prueba por amor –la cru–- interrumpiría su caudal de amor y empezaría a minimizar la entrega a Dios y la entrega de Dios a él.

En el evangelio de este domingo, Jesús no obliga a nada –miró al joven rico con cariño– pero te ofrece todo su corazón y te pide la totalidad del tuyo. Nada rivaliza con el amor de Dios sino que el amor del Padre debe ser –si quieres– tu Señor. Por eso Jesús, al rico le pide sus riquezas, a los apóstoles su familia, a los discípulos relativizar su tierra y lo que tienen. Nada es mayor que Dios y si lo retienes por encima del Señor comienzas a fabricar ídolos que pueden ser buenos pero no dioses: la riqueza, tu trabajo, tu carrera, tu familia, tu país, tu fama.

Tienes que decidir; si no, la vida decide por ti y no sabes dónde te lleva. El Señor conoce tus necesidades y te dará lo oportuno en cada momento pero en algún momento, si eres sincero contigo mismo, te pedirá todo tu corazón; toda tu vida. Solo Él puede devolvértela con creces pero… debes confiar. Y decidir: ¿es Cristo tú único Señor? Deja que el Señor te dé amor y se dé como Amor en la intimidad del celibato con Él o en la pareja que te quiera proponer. Deja que te dé el trabajo o la formación que en el Reino de Dios Él piensa para ti. Deja que te dé muchas cosas o pocas para que sirvas de formas diferentes pero para darlo todo. Deja en definitiva que Él te cuide, acompañe, sostenga con su amor en el lugar, con las personas en la misión que Él te dé. Si no le hurtas tu corazón; si te das de verdad, Jesús no permitirá que te vayas triste como el joven, sino que te enseñará la riqueza que eres como persona y como hijo de Dios. Pero… decide.

Silvio Bueno ss.cc.