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Evangelio Joven. Corpus Christi, el Cuerpo que elimina las soledades

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
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CORPUS CHRISTI, EL CUERPO QUE ELIMINA LAS SOLEDADES

 

El hermano de mi comunidad Curro Cruz ss.cc., suele decir que la soledad es el peor de los sufrimientos. ¿Por qué? ¿Qué sufrimientos conlleva? Sentimientos de rechazo y de desvalimiento, de angustia y desesperación. Si me pasa algo, nadie me ayuda. Si nadie se da cuenta de cómo estoy, nadie podrá salvarme. La persona que se siente sola ya no ve alternativas, ni oportunidades ni vías de salida. Es lo que hay escrito sobre la puerta del infierno de la Divina Commedia: “Dejad toda esperanza los que entráis”.

 

 
Es que la soledad va radicalmente en contra de cómo estamos hechos. Queremos y necesitamos recibir, pero queremos también dar. Queremos y necesitamos amar y ser amados. No podemos sufrir ser ignorados y no podemos aguantar no tener a nadie que ver, tocar, alguien con quién hablar y escuchar. Hay personas, niños y mayores, que están dispuestos a hacer cualquier cosa para atraer la atención de los demás, antes que quedarse atrapados por su soledad. Somos cuerpos creados para la relación y nos desarrollamos como personas a través de la relación.

 

 

 

Parece que Dios se determinó en querer eliminar este sentimiento de soledad y de separación que todos sufrimos. Quiso dejarnos claro que Él quiere acompañarnos hasta límites insospechados. “Nada nos separará del amor de Dios”.

 

 

Me he sorprendido ver este proyecto divino en la liturgia de estos últimos domingos. En Pascua, Jesús muere, pero no desaparece. Su persona no puede ser engullida por la muerte. Triunfa sobre la oscuridad y su persona permanece llena de luz para siempre. En la Ascensión, Cristo entra en el corazón del mundo. En Pentecostés, el Espíritu Santo abre el camino a Dios para que se quede en nuestro interior. En el domingo de la Trinidad,  las tres Personas vienen a establecerse en nosotros para quedarse. Con Pascua, Ascensión, Pentecostés, vemos a Dios uno y trino hacerse cada vez más cercano hasta permanecer en lo más íntimo de nuestros ser. Nos salva de nuestra soledad radical y, al mismo tiempo, nos capacita para relacionarnos de manera nueva. Nos lanza a acompañar otras soledades.

 

 
En el Corpus Christi, celebramos el culmen de esta determinación de Dios de hacerse presente en nuestras soledades. Como canta otro hermano nuestro, José Luis Pérez ss.cc., Dios se hace “cacho de pan”. Como Tomás necesitamos tocar su Cuerpo para creer que Él está. Sobre todo en tiempos de dificultad, cuando a nuestro alrededor todo se tambalea, cuando no estamos seguros ni siquiera de lo que sentimos, cuando nuestra fe duda, Cristo se hace accesible como Pan de la Vida. Él quiere que todos nuestros sentidos adviertan su Presencia. Él es alimento, no pensamiento.

 

 

Un padre y una madre de familia tienen como primera preocupación alimentar a sus hijos. Se dice que lo primero es llevar el pan a casa. Esto nos da una idea de lo que Dios siente por nosotros. Dios es Padre y cuando ve que pasamos hambre, hambre de relaciones, de amor, de sentido, él quiere nutrirnos. La eucaristía no es premio para los fuertes, sino alimento para los débiles. Jesús viendo a la multitud hambrienta “sintió compasión porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6,34). Él y el Padre son uno y por eso Jesús se hace alimento para nosotros.

 

 

Con Jesús, Dios se ha hecho tan cercano que llega a ser más íntimo que lo más íntimo de nosotros mismos. Pero al mismo tiempo es Otro. No es una ilusión de nuestra mente, no es nuestro yo. Es Jesús de Nazaret que acompaña, libera y salva. Unidos a Él, movidos por Él, nos convertimos nosotros mismos en Cuerpo de Cristo. Como Iglesia, somos enviados a tender la mano a los que viven en soledad.

 

Damiano Tonegutti sscc