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Evangelio joven: «Con las manos impuras» (29-ago)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
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En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con las manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
(Mc 7,1-23) Domingo 22º del tiempo ordinario

¿De verdad crees que lo de separar el mundo en «puros» e «impuros» es cosa del pasado? ¡Deja que el Señor rompa tus esquemas!

La lógica de la pureza puede parecernos supersticiosa hoy en día. Por eso, puede ayudarnos saber que en el mundo Antiguo la pureza era un sistema de regulación de las relaciones sociales y religiosas. La limpieza a la que se aferran los fariseos no significa «higiene» sino más bien «adecuación»: lo puro es lo apropiado, lo digno de relacionarse con Dios.

El problema de este esquema es que genera exclusión: los enfermos, los pobres, la gente con flujos de sangre… quedaban excluidos del cuerpo social y de la relación con Dios. Eran impuros.

A esto se opone Jesús. No lo hace yendo en contra del Antiguo Testamento –casi la totalidad del Levítico son normas de pureza–, sino ofreciendo una interpretación más profunda y verdadera. Así, el Señor señala que la adecuada relación con Dios no se da por una pureza exterior, sino que se juega en el terreno del corazón. Y, como sabemos, «corazón» en la Biblia no son las emociones y afectos, sino que significa la persona en su autenticidad, el centro de su ser.

Lo que el Señor nos pide es exigente, casi más que las observancias vacías de los fariseos: que vivamos con un interior justo e íntegro, que construyamos la verdad aunque sea complicado, que generemos relaciones sanas con quienes nos rodean. Esto es, en el fondo, lo que nos dice ese «catálogo de impurezas» del final de la lectura. Como agobia un poco, podríamos traducirlo en positivo con una bienaventuranza: «felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).

El evangelio nos dirige hoy un mensaje para cada uno. ¿No existen en nuestro mundo personas que, de un modo supuestamente «razonable», quedan excluidas para nosotros por su «impureza»?

Pienso en los delincuentes encarcelados: son verdaderos «apestados» en nuestro mundo. Y con razón, me diréis, pues han cometido crímenes, a veces horribles. Pero, ¿es eso razón suficiente para dejarlos totalmente fuera de nuestro mundo, sin posibilidad de reparación? ¿No nos diría hoy el Señor que también nosotros sabemos en nuestro corazón de «delitos» para los que esperamos reconciliación?

Pienso también en los migrantes –muchos de ellos menores– a quienes impedimos toda posibilidad de relación, aislándolos tras muros de metal y de papel. La lógica nos dice que no es posible hacernos cargo de todo, pero ¿es eso razón para condenar a la muerte o al vacío a tantas personas? ¿No nos diría hoy el Maestro que también nosotros, en nuestro corazón, estamos llenos de hambre y sed, y que dependemos de otros para sobrevivir?

Mira al mundo y fíjate en los impuros de hoy. ¿Qué te dice Jesús a ti, cómo te rompe los esquemas?

Pablo Bernal sscc