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Evangelio joven: «Como locos» (10-jun)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

Gn 2
Sal 129
2Cor 4,13-5,1
Mc 3,20-35

“¡Está fuera de sí!”, dicen los familiares de Jesús… es decir: “¡Está loco!”. Jesús acaba de elegir a doce hombres entre sus discípulos “para que estuvieran con él y  para enviarlos a predicar y para que tuvieran autoridad para echar fuera los demonios”. Por lo que nos cuentan los evangelios, entendemos que el grupo de los 12 vivía en común con Jesús, no se separaba sino por breves períodos y viajaba de un lado a otro sin hogar fijo, con el fin exclusivo de anunciar el Reino de Dios con palabras y obras. Ciertamente una elección muy rara, escandalosamente contraria a la costumbre de la época de casarse. Y creo que muy extraña también para nuestra época. Podemos intuir la viva preocupación de sus allegados.

Jesús ha creado un grupo que va más allá de los lazos familiares. Somos su familia, «su madre y sus hermanos». Y si en su comunidad reina la libertad, si vivimos unos vínculos sanos y fraternos, entonces esto de Jesús no es una locura.

Los “escribas” lo tienen claro: Jesús está poseído por “Belzebú”, el príncipe de los demonios. Para ellos, ese extraño grupo es sencillamente malo y peligroso. Por otro lado,  los familiares lo consideran loco y quieren hacer valer sus derechos: “la familia antes que nada”. Es decir, pretenden que los vínculos de sangre prevalezcan sobre cualquier otro interés. No entienden esa pasión.

¿Qué dice Jesús ante todo eso? Antes que nada responde con los hechos: ¿su grupo vive con la alegría de uno vínculos sanos, fraternos y libres? Esto es Buena Noticia. Las personas han sido liberadas de sus demonios y el grupo –la comunidad– es capaz a su vez de liberar a otros. “¿Puede Satanás echar a Satanás?” No. Ha llegado alguien “más fuerte” que el mal.

Por otro lado, Jesús tampoco cede a las pretensiones de su familia. Es un terreno delicado, pero en el fondo sencillo. También las familias necesitan ser salvadas. Por sí mismas pueden vivir valores contrarias al Evangelio. Poner primero el Evangelio no significa renunciar o despreciar a la familia, sino colocarla en su justo lugar.  Significa dejar que ella, como el resto del mundo, venga transformada por el amor que da Jesús.

El grupo de Jesús, la Iglesia, tiene la posibilidad de tener relaciones profundas, afectivas y a la vez libres. El amor que Jesús hace posible que vivamos tiene el perfume de la libertad. Y solo si la libertad está presente es auténtico el amor. ¿Respiramos con libertad en nuestras comunidades? Y, al mismo tiempo, ¿son auténticos y comprometidos nuestros vínculos con los demás hermanos? Estamos en camino, obviamente, pero, cuidado. Si no olemos esa libertad, entonces deberíamos dar razón a los escribas: estaríamos viviendo como “locos y endemoniados”.

Damiano Tonegutti ss.cc.