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Evangelio joven: «Callada lejanía» (18-jun) – Fiesta Corpus Christi

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

Dt 8,2-3.14-16
Sal 147
1Cor 10,16-17
Jn 6,51-58

            Uno de los hechos más significativos de estos años y que más impacto va a tener en el futuro entre nosotros es, sin duda, “el distanciamiento religioso”. Un número de personas cada vez mayor se va distanciando de la experiencia religiosa que anteriormente había vivido.

¿Cómo se está produciendo este fenómeno que algunos llaman “revolución silenciosa”? ¿Qué sucede en esas personas que van abandonando la fe? Sin duda, el itinerario de cada persona es único, pero los estudios que se vienen realizando permiten describir algunas etapas fundamentales de este distanciamiento.

todo comienza con el abandono de la participación en la Celebración de la Eucaristía del día del Señor. Fotografía: @dimasik (cathopic.com)
todo comienza con el abandono de la participación en la Celebración de la Eucaristía del día del Señor. Fotografía: @dimasik (cathopic.com)

Por lo general, todo comienza con el abandono de la participación en la Celebración de la Eucaristía del día del Señor. Las razones que se dan son de todo tipo. De hecho, se abandona la participación en la Celebración de la Eucaristía. Y la persona sigue afirmando: “Soy creyente, pero no practicante”.

Esta situación va evolucionando hacia un alejamiento progresivo de la Iglesia. El no practicante se siente cada vez menos integrado en la comunidad cristiana. Pierde el contacto. Mira a la Iglesia cada vez más desde fuera. Es fácil, entonces decir: “Creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia”.

Sin embargo, poco a poco, la persona va perdiendo el “sentido cristiano” de la vida. Su experiencia religiosa se va disolviendo. La fe no se actualiza. La persona se organiza su vida desde sus propias opciones e intereses.: “Yo no hago daño a nadie: ¿Para qué necesito algo más?”

En este momento se puede llegar ya a perder la fe en sentido estricto. La persona olvida totalmente a Jesucristo. Cada vez le resulta más extraño rezar. Ya no hay comunicación con un Dios personal. Cuando se le pregunta, la persona titubea: “No sé si creo o no. Tal vez haya algo”.

En muchos puede seguir creciendo la indiferencia religiosa y la apatía. Dios no interesa ya ni como planteamiento. La persona vive en un “ateísmo práctico”. El proceso ha terminado.

Este esquema de distanciamiento religioso pone de relieve un hecho ampliamente constatado: Está claro que no se puede identificar el abandono de la práctica religiosa con la increencia. Pero, de hecho, quien abandona la Celebración de la Eucaristía del Día del Señor da un paso decisivo hacia la pérdida  progresiva de la fe.

Esta Solemnidad de la Eucaristía nos recuerda una experiencia elemental: Quien no alimenta su fe, la va perdiendo. Fotografía: K. Flour (unsplash.com)
Esta Solemnidad de la Eucaristía nos recuerda una experiencia elemental: Quien no alimenta su fe, la va perdiendo. Fotografía: K. Flour (unsplash.com)

La Solemnidad del “Corpus Christi” o Solemnidad de la Eucaristía nos recuerda una experiencia elemental: Quien no alimenta su fe, la va perdiendo. Quien no se encuentra nunca con otros creyentes para escuchar la Palabra de Dios, orar a Dios y reavivar su Espíritu, terminará vaciando su vida.

 La Celebración de la Eucaristía es un sacramento y una exigencia. De nada sirve aquí y ahora si compartimos el “Pan del Cielo” y no estamos dispuestos a repartir el “pan de la tierra”. La Celebración de la Eucaristía no puede separarse del partir y del compartir el pan, como no se puede separar el amor del Padre del amor a los hermanos, el culto de la caridad y la justicia.

Celebramos hoy el “día de la Caridad”. Es también un día de agradecimiento a Dios por la hermosa tarea de Cáritas al servicio de los pobres y de la Iglesia. La Solemnidad de hoy es una llamada a colaborar con Cáritas, una de las caras más amables de nuestra Iglesia.

¡Que el Seños nos ayude a todos a cuidar nuestra participación en la Celebración de la Eucaristía para alimentar nuestra fe y aumentar así nuestro servicio a Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados!

Francisco de Paula Piñero y Piñero ss.cc.