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Evangelio joven: «Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios» (31-jul)

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿Quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».

Lc 12,13-21

Estamos a punto de entrar en agosto, mes de vacaciones por excelencia. Seguramente tú estés disfrutando de algunas semanas para romper con la rutina del curso. En medio de este tiempo de pausa, descanso y disfrute, la Iglesia nos regala este evangelio que puede decirnos mucho de cómo el Señor se hace presente también en esta época del año.

Como el protagonista de nuestra parábola de hoy, nosotros también podemos sentirnos fatigados después de tanto trabajo y, lo único que queremos es disfrutar y olvidarnos un poco de todo. Es tiempo de descanso, de comer, beber y banquetear alegremente. Pero hoy el Señor nos recuerda que no es solo tiempo para eso, que no es tiempo simplemente para olvidarnos de todo.

Las vacaciones son un tiempo privilegiado para poder dedicarnos a la gente que queremos y con la que no podemos pasar tanto tiempo como nos gustaría. Son también una oportunidad para cuidar relaciones que teníamos un poco abandonadas. Quizás también para poder dedicarle a Jesús tiempos más prolongados y tranquilos de oración, o para empaparnos con una lectura que nos ayude a crecer espiritualmente.

En definitiva, el verano, como cualquier época, se puede vivir con Dios presente u olvidarnos de Él por completo. Jesús hoy nos recuerda que nuestro Padre no se olvida de nosotros en nuestros tiempos de descanso. Que este tiempo no sea de mera vanidad (como nos advierte la primera lectura). Disfruta el verano, por supuesto, y guarda un hueco en tu corazón para descubrir cómo Dios te habla también en este tiempo.

Juan de Dios SS.CC.