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Evangelio joven: «Año nuevo con un Dios sorprendente» (1-ene)

  • Categoría de la entrada:Comentarios bíblicos
  • Tiempo de lectura:3 minutos de lectura

Num 6,22-27
Sal 66
Gal 4,4-7
Lc 2,16-21

Este domingo pasará muy desapercibido. Llegaremos de un fiestón de nochevieja y nuestra cabeza estará muy lejos, o muy llena, para esta celebración. O ni llegaremos. El comentario va por adelantado para el que quiera.

Es Navidad y podemos pedirle al Señor ser como aquellos pastores que encontraron a Jesús, un bebé, en un pesebre. Son personas que normalmente cuidan del ganado, no tienen días libres ni fiestas, no pueden ir al templo y los demás creyentes los tenían mal considerados. Tampoco eran ricos ni influyentes, vivían fuera de las ciudades y pasaban mucho tiempo lejos de casa. Estos, precisamente estos, encuentran al Mesías.

(De freevectors.com)
Si hubiera existido Google Maps en ese tiempo ni saldría el sitio. (Imagen de freevectors.com)

Uno podría pensar que Jesús nacería con gran esplendor y lujos y riquezas y halagos y atenciones. Seguramente en Roma, centro del mundo, o en Jerusalén, centro de la religión de Israel. Pues no, Jesús nace en un pesebre que olería a vaca o a mula, en un rincón insignificante y lejos de toda manifestación religiosa importante. Si hubiera existido Google Maps en ese tiempo ni saldría el sitio.

María es una joven de Nazaret, la conocemos. En un momento la vida le cambia, sus planes se deshacen y no parece que tuviera claro el futuro que le esperaba. Ella tampoco entendería que si Jesús es fruto de la promesa de Dios, de su encargo, naciera así, sin siquiera ser acogidos en ningún lado. ¿Qué pasaría por su cabeza? ¿Quizá estaría pensando: si lo sé…?

(De pixabay.com)
«¡Empezamos el año con esta bendición!» (Imagen de pixabay.com)

Ella guardaba todas las cosas en su corazón. Como las madres, pacientemente, esperando, dejando crecer a las personas y a la verdad. Ella no lo entendía todo, pero lo guardaba en el corazón. Conocemos personas que lo hacen, guardando las cosas que orientan la vida, le dan sentido y esperanza. Esas personas nos enseñan a creer en Jesús.

San Pablo dice: “como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abbá! (Padre).» ¡Somos hijos! Qué grande es Dios. Empieza un año, es momento de estar atentos. ¿Qué nos va a pasar? El día es bueno para pedirle a Jesús: oriéntame, ilumina el camino para llegar a ti. Eres el único que merece la pena seguir porque tú no defraudas.

Un bebé es el hijo de Dios. Su madre guarda las cosas que van sucediendo. Empezamos el año con esta bendición: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.

Nacho Moreno ss.cc.