En este momento estás viendo Evangelio joven: «Amad a vuestros enemigos» (13-feb)

Evangelio joven: «Amad a vuestros enemigos» (13-feb)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Lc 6,27-38

Si amáis solo a los que os aman…  amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada. Sed misericordiosos. Esto es lo de hoy. Las bienaventuranzas que escuchamos el domingo anterior nos recordaban cómo actúa Dios y cómo lo presenta Jesús, sería nuestro programa de vida, el modo de actuar de los seguidores de Jesús, de la Iglesia. Hoy escuchamos las consecuencias de ese modo de ser de actuar.

“Será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”. ¿Nos lo creemos, así lo esperamos?

Jesús nos pide ir más allá de la lógica, que sería amar a los que nos aman, hacer el bien a los que nos responden con el bien. El amor de Dios va más lejos, desborda la lógica, lo que sería normal. No mide, no necesita “méritos”. Pide amar a todos, sin condiciones, sin tener que hacer nada para ser queridos. Pensemos en amar a personas que no nos pueden corresponder, a enfermos o a abuelos con demencias, o a pobres o a personas que ya no tienen nada que dar a nadie. La vida es más que un intercambio de bienes. El amor sobrepasa la mezquindad que nos rodea, el egoísmo y el pensar solo en nosotros mismos.

Sed compasivos, es una llamada a una forma de ser, y por tanto, de comportarnos. Jesús se compadeció de los que sufrían a su alrededor, se relacionó con personas que no eran sus iguales, dejó que a su corazón le afectara el sufrimiento de los demás. Pasó por la vida haciendo el bien. El amor no es insensible (que les den), no es duro (algo habrá hecho para estar así), no es mezquino (se lo merece). El amor es activo (qué quieres que haga por ti), bondadoso (amad a vuestros enemigos), misericordioso (sed compasivos). No hay que hacer nada para que Dios nos quiera, su amor es así. Lo mismo nosotros con los demás (“Con la medida que midiereis se os medirá a vosotros”). Jesús nos invita a seguir una lógica distinta, a ser misericordiosos, a amar sin medir. “Será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”. ¿Nos lo creemos, así lo esperamos?

Nacho Moreno ss.cc.