Evangelio joven. A la búsqueda

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A la búsqueda del Otro

 

 

En este tiempo estoy teniendo la suerte de poder acompañar a muchísimas personas a decir un “sí” a Jesús: comuniones, bodas, confirmaciones, profesiones religiosas, ordenaciones… Todo un regalo, el cual, a la luz del evangelio de este domingo, se alza con voz fuerte y gozosa: Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. El Resucitado nos sigue enseñando aun cuando empezamos a otear el final de la Pascua. ¡Qué suerte!

 

El otro día, en la última clase de religión con los alumnos de segundo de bachillerato les puse un vídeo. Miradlo y luego seguís leyendo:

 

 

 

 

¿Os ha gustado? Es muy bonito, ¿verdad? La idea clara de este texto es la de la alteridad, es decir, la necesidad del otro. Todos los alumnos coincidían en que la belleza y la grandeza de la vida estriba en abrirse a los demás, en vivir nuestro camino junto a otros. Al final, les dije, ¿y si vivimos esa belleza de la vida abiertos al Otro, a Dios? ¿No experimentaríamos el amor más grande jamás imaginado? El silencio se hizo enorme. De esto nos habla el Evangelio de este domingo: abrirnos al Camino, Verdad y Vida.

 

“Yo soy el Camino”. En la montaña que constituye nuestra vida Dios se alza como la meta a la cual llegar, como el arco que tensa nuestra flecha para lanzarnos al camino, y como las ráfagas de viento que redireccionan nuestra flecha cuando se descarría. Así pues, en Su camino, ¿qué hemos de temer? ¡Gracias Señor por conducir nuestros pasos en el día a día!

 

“Yo soy la Verdad”. ¿Quién de nosotros cree que posee la verdad absoluta? Cuando creemos acercarnos a ella sucede algo que hace que ésta se esfume de nuestras manos. ¡Qué desdicha! ¿O, quizás no es desdicha? En realidad, no ser capaz de poseer la verdad nos hace entregarnos con mayor facilidad y generosidad a la Verdad con mayúsculas. ¡Gracias Señor por tu Palabra, siempre verdadera!

 

“Yo soy la Vida”. ¿Cuál es la paradoja de la vida? Que cuando acontecen situaciones en donde la vida se agota (enfermedad, muerte, dolor…) es, ahí, donde experimentamos una mayor apertura a los otros y al Otro. ¡Gracias Señor por hacer que cualquier lugar de maldición se pueda convertir en un lugar de bendición!

 

Ahí tenéis tres llamadas del Evangelio de este domingo. Para trabajar esta semana…está bien de momento. ¡Feliz domingo!

 

Fernando Bueno ss.cc.