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DeSSCCúbrenos: Ser pobres (Nacho Moreno ss.cc.)

  • Categoría de la entrada:Testimonios
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

 

 

 

 

 

 

 

Ser pobres

 

Nacho Moreno SS.CC.

 

¿Qué significa el voto de pobreza? Más aún, ¿qué significa ser pobre? Pregunta difícil, incómoda, correosa. Para empezar un recuerdo: Jesús se acercó al ciego Bartimeo y le preguntó: ¿qué quieres que haga por ti? (Mc 10,46 ss).

 

Los religiosos hacemos ese voto porque queremos, nadie nos lo impone, pero forma parte de lo que queremos ser. Claro, tiene sus consecuencias. Implica un modo de vivir, una forma de estar en el mundo, con capacidad de acercarnos a los pobres, miserables, abandonados. Ahí calamos lo más radical del Evangelio, la misericordia de Dios. Los religiosos estamos llamados a ir donde nadie quiere, a África o a los lugares perdidos de Asia, a las residencias de ancianos abandonados o a las cárceles o a los centros para indigentes o a la calle, ese lugar donde hace tanto frío. Llamados a anunciar el Evangelio, a hacer patente la misericordia de Dios. No basta hacerlo a base de sermones.

 

2013/10/D7 SIDA.pngHacia fuera tenemos muchas oportunidades. Podemos ser voluntarios, trabajar en centros de todo tipo, acogerlos en nuestras casas, participar en programas. Hay muchos religiosos, hombres y más mujeres, en todos los rincones del mundo, en todo tipo de misiones. Cada uno podemos contar alguna experiencia. Yo anduve por las cárceles algunos años, con enfermos de SIDA y yonquis cuando se morían a base de heroína y mala vida. Un funcionario de la prisión de Topas en Salamanca me dijo un día: seguid viniendo, yo llevo en esto treinta años y aquí dentro no he visto más que pobres. Sois lo único bueno que entra por aquí. Casi todas estas personas que he conocido están muertas ya, y Dios les habrá acogido: Él sí es rico en misericordia y no pide cuentas a nadie.

 

¿Cúanto te cambian este tipo de experiencias? Lo que tú te dejes. Puedes poner caras concretas al sufrimiento en general, te dan “más ganas” de rezar, tienes más cosas que contarle a Dios. Entiendes un poco más a Jesús cuando se acercaba a los pobres y pecadores y comía con ellos. Conoces historias de vidas que son muy lejanas a la tuya, y que merecen respeto. Y empiezas a apreciar a personas duras en las formas y con un corazón vulnerable. Si no hay perdón, si no hay caminos de reconciliación, ¿qué nos queda? ¿dónde quedamos nosotros entonces? Son historias de vidas duras, maltratadas, abandonadas y miserables; ¿dónde estamos? Hablar de millones de pobres nos abruma pero poner nombres ante el Señor nos puede ayudar a ser mejores.

 

Hacia dentro de la vida religiosa es muy importante pensar que “ningún pobre necesita criado”. A mí me gusta la vida burguesa, esa ha sido mi vida siempre, pero no estoy aquí para eso. Los pobres nos llaman a vivir una cierta austeridad, qué menos. A no exagerar en los recursos que usamos y a dar un poquito de ejemplo. Nos ayudan a relativizar las cosas, a preocuparnos de que los demás puedan vivir a nuestro alrededor. A pensar que ese voto es tan importante como los otros o como la liturgia. Los pobres nos llaman a dejar nuestra arrogancia y, en fin, a tratar de no vivir como señorones. Y a pedir perdón tantas veces…

 

Termino con paradoja final. Hablar de los pobres me incomoda mucho y me sonroja. Se puede hablar, claro está, pero es mejor acercarse, participar, meter la mano en lo sucio, complicarse la vida. Así podremos poner ante el Señor sus rostros y nuestro silencio.