DeSSCCúbrenos: Ser formador (José Luis Pérez ss.cc.)

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DeSSCCúbrenos: Ser formador

 

 

José Luis Pérez Castañeda, ss.cc.

 

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           Este es el décimo año que soy formador. Un formador en la Congregación es el que se encarga de iniciar o ayudar a profundizar a otros en la vida religiosa ss.cc., básicamente. Al comienzo, para mí, consistió en acompañar al prenovicio, en Málaga, que pasaba su primer año con nosotros. Así que me estrené con Pablo Márquez y, al año siguiente, con Fernando Bueno. Después me trasladaron a Sevilla para encargarme de formar a los novicios, una etapa importante del itinerario, donde se conoce más en profundidad la Congregación y la Vida Religiosa y la persona decide si quiere ser religioso. Así que Fernando Bueno y yo hicimos las maletas y emprendimos la tarea. Después fueron llegando Marco, Alberto, Ultan, Jose Manuel, Jorge y Pablo. Y… ya me gustaría que se continuara la lista.

 

            ¿A qué me ha ayudado ser formador de otros? A conocer facetas de mí mismo que nunca había puesto en juego, a ir dándome cuenta de las limitaciones que alberga mi persona, a reconocer de verdad que el otro es tierra sagrada donde Dios actúa y que uno está sólo de testigo, a asistir como partero de una decisión arriesgada y determinante, a orar con el misterio de la vida del otro, a inquietarme y sufrir con entrañas maternas, a trabajar con otros hermanos formadores y formadoras de la Congregación y de otras congregaciones, a preguntarme mucho por la vida religiosa que vivimos y queremos, a sentir más lo SS.CC., a abrirme a otros lugares donde servimos, incluso más allá de nuestras fronteras, a conocer mejor los movimientos del espíritu de Dios y a discernirlos, a escuchar con más atención y captar lo hondo de cada uno, a ser más libre y amar mejor. Y Dios ahí… ¿qué os voy a contar?

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            Ser formador es saber que no somos más buenos que nuestros formandos, que sólo llevamos más heridas que ellos, porque hemos caminado más veces por donde Dios nos ha ido metiendo. Esto también se puede aplicar a la tarea de la catequesis o de otras realidades parecidas, ¿verdad? Ponerse al lado de otro pide acompasarnos e ilusionar a caminar. Las dificultades siempre vienen por la originalidad de cada persona, ya os podéis figurar, porque muchos de vosotros conocéis más o menos a los antedichos. Y es que el mismo traje (las propuestas, iniciativas, experiencias, palabras, etc) no le cae igual a personas distintas. Otras dificultades tienen que ver con uno, con sus maneras, con sus desaciertos y cabezonerías, con su falta de fe, con su falta de amor, ya os suponéis, lo que tiene ser vasija de barro, que decía el otro.

 

            Voy acabando. No sin preguntarte a ti, que lees: ¿todavía te crees que Dios va a nacer en ti sin ayuda de una matrona? Te advierto que estás equivocado. Búscate alguien que te ayude al parto cotidiano de Dios, porque será doloroso, pero ¡qué alegría cuando te nazca! Te lo dice uno que ha visto algunos.

 

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