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DeSSCCúbrenos: Nuestra vocación y misión (Miguel Díaz ss.cc.)

  • Categoría de la entrada:Testimonios
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DeSSCCúbrenos: Nuestra vocación y misión

 

Miguel Díaz ss.cc.

 

Es2013/10/D5 Miguel.JPGcribo estas líneas el 24 de diciembre,  en el 214 aniversario del nacimiento de nuestra Congregación. Aquella noche santa de 1800, a la vez que celebraban el nacimiento de Jesús, dos discípulos enamorados suyos, Enriqueta y José María, se consagraban definitivamente a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, dando así origen a una nueva Congregación Religiosa en el seno de la Iglesia.

 

Gracias a la entrega y a la generosidad de estas dos personas, a lo largo de más de dos siglos somos muchos – hermanos, hermanas y laicos- los que hemos sido agraciados por su hermosa herencia. Herencia, que llamamos carisma, don o regalo de Dios.

 

Nuestros fundadores vivieron en plena Revolución Francesa, tiempos complicados y difíciles para la sociedad y para los seguidores de Jesús. Pero nunca les faltó la confianza en Dios. En el camino de la vida “Dios nos lleva de la mano”, decían. Nos enseñaron a poner la vida al servicio del evangelio – el Buen Padre al salir del granero – y a alimentar nuestra fe y nuestro amor en la  oración-adoración ante el Señor presente en la Eucaristía; del ministerio de la adoración,  la Buena Madre fue ejemplo y testimonio.  

 

Mi identificación con la vocación y la misión de la Congregación ha ido creciendo con los años. He tenido la suerte de vivir tiempos providenciales de la Iglesia y de la Congregación. Ya sacerdote, me encontraba en Roma cuando se celebraba el Concilio Vaticano II. Se volvía a respirar la frescura del Evangelio de la que le gusta hablar al Papa Francisco.

 

El conocimiento de la Congregación en el mundo entero me ha ayudado a quererla y valorarla por sus muchos, variados y a veces arriesgados compromisos apostólicos en lugares pobres y necesitados de pan material y del pan del evangelio.

 

Después de pasar por dos parroquias de Madrid, la obediencia me envió a esta parroquia de El Encinar, en un ambiente pobre y de pocas raíces religiosas. Aquí he podido experimentar más hondamente la necesidad y la riqueza de estar en adoración ante el sagrario y “ser sencillamente ante el Señor”. Mi vida quiere ser “presencia de evangelio”, cercana y humana a todos, en que el simple saludo por la calle siento que forma parte de la evangelización.  

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Ser voluntario en la “Casa Samuel”, casa de acogida de seropositivos muy afectados, me ayuda a intuir el amor preferente de Dios por los pobres y marginados del mundo y de la sociedad. He comprendido y experimentado muy intensamente que sus vidas rotas son preciosas a los ojos de Dios. ¡Qué maravilla que para el corazón de nuestro Dios sean los primeros en el reino de los cielos ya en la tierra!

 

Doy gracias a Dios y a la Congregación porque me ayudan a vivir con la esperanza de encontrar – no importan los años –  nuevos horizontes de vida como persona y como creyente “sagrados corazones”.