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DeSSCCúbrenos: La ternura del que sirve (Fernando Bueno ss.cc.)

  • Categoría de la entrada:Testimonios
  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

 

 

 

 

 

 

 

 

DeSSCCúbrenos: La ternura del que sirve

 

Fernando Bueno, ss.cc.

 

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Llevo cuatro años viviendo en el Colegio Sagrados Corazones de Madrid. Los dos primeros años estuve estudiando y trabajando pastoralmente en el colegio. El tercero estuve trabajando como profesor, tutor de 1º ESO y en el equipo de pastoral. Y este año sigo de profesor, tutor de 4º ESO y coordinador de pastoral de todo el colegio.  Además, en estos años me he preparado en este colegio para la profesión perpetua, el diaconado y el sacerdocio. Así que están siendo años bastantes intensos.

 

Llegué al colegio sin mucha idea de lo que era la educación, de cómo dar clases, de cómo abordar las reuniones de padres…sólo había una certeza: Dios me quería en este sitio. De este modo tomamos por bandera de nuestro barco la absoluta confianza en nuestro Señor, y por remos del bote, el anhelo de aprender y el deseo de dejarme hacer por la realidad que me esperaba delante. De este modo la sorpresa iba llamando a la puerta cada día, cada mañana, en cada clase, en cada rostro del camino. Reconozco mi ignorancia, pues antes de trabajar en un colegio pensaba que esta profesión era bastante monótona y aburrida. Lejos de la realidad. Vivir y trabajar en un colegio se ha convertido en una maravillosa aventura: escuchar y acompañar a niños, profesores, padres…; ayudar a descubrir las grandezas de la vida; dar la mano para poder acercarse a Dios…

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Me impresiona fuertemente el papel que me toca muchas veces en esta aventura: escuchar. Me sobrecoge el sufrimiento que albergan en su corazón muchos alumnos del colegio por temas de sus familias, de las amistades, de su afectividad… A veces creo que no están preparados para aguantar y soportar tanto dolor, pero la realidad es que cargan con él. Y muchas veces recurren a mí para poder desahogarse, llorar, gritar. Decía el Buen Padre que somos hijos de la cruz. De ahí que una de las tareas más bonitas que me está tocando en este tiempo es acompañar el dolor de los alumnos del colegio. Guardo cada una de sus lágrimas como pequeños tesoros, sabiendo, con la responsabilidad que ello conlleva, que muchas veces soy la única persona que sabe de ese dolor. Esto me está llevando a ser más cariñoso. Yo no suelo dar abrazos, ni besos…pero en este tiempo Dios está usando mis brazos y mis manos para ser cauce de su amor entre tanto sufrimiento.

 

 

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Tantas vidas desarraigadas me están llevando a descubrir una llamada fuerte de Dios: Proclamar el Evangelio. Tengo un montón de personas delante con las cuales trabajo cada día…¿por qué no hablarles de Dios con fuerza, con convencimiento, con alegría, con entusiasmo? El hombre busca constantemente respuestas a sus preguntas, busca sentido a los sinsentidos de su vida…y muchas veces no sabe que Dios le está esperando para acoger su vida entre sus brazos. Hablar de Dios a los alumnos se está convirtiendo en una tarea privilegiada: mostrarles el amor de Dios, su grandeza, su bondad, su perdón… En esto no me canso. En otras cosas sí, pero en hablar de Dios no me canso…porque sé lo bueno que es Dios, porque sé que muchos alumnos necesitan oír hablar de Dios, porque sé que muchas familias necesitan tocar sus lazos familiares con la ternura de Dios…

 

Gracias Señor por ponerme en este colegio en este tiempo, gracias por sacarme de mi egolatría para ponerme al completo servicio de los que necesitan oír de ti, gracias por las personas que me hablan de ti, gracias por las lágrimas guardadas en el corazón, gracias por los abrazos reparadores, gracias por las miradas tiernas, gracias por las palabras suaves. Gracias por el Colegio Sagrados Corazones. Gracias por mi vocación de religioso y sacerdote.

 

Y tu, ¿Qué estás dispuesto a hacer para reparar el dolor de Dios que se manifiesta en el dolor de las personas que nos rodean en el día a día?

 

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