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DeSSCCúbrenos: Convocados a la vida en comunidad (Pablo Bernal ss.cc.)

  • Categoría de la entrada:Testimonios
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

 

 

 

 

 

 

 

 

DeSSCCúbrenos: Convocados a la vida en comunidad

 

Pablo Bernal Rubio, ss.cc.

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Durante mis primeras semanas en el prenoviciado, ese tiempo tan agitado en el que todos parecen estar pidiéndote que des razón de tu opción, yo –que siempre he sido un poco redicho– acuñé una expresión: hablaba a quien me preguntara del “carisma encarnado” de los Sagrados Corazones. En el fondo, una forma rebuscada de nombrar mi experiencia: la experiencia de que en ningún lado me había sentido tan querido como con las hermanas y los hermanos de los Sagrados Corazones; que en ellos y ellas encontraba un estilo común en su forma de relacionarse con los demás, con los pobres, conmigo; que eso me hablaba de Dios y… ¡que yo quería participar de eso, quería eso para mi vida!

 

Me sorprendo a mí mismo acordándome de esa expresión ahora, tras cinco años viviendo en comunidad. Durante este tiempo, la vida en comunidad ha sido para mí la ocasión para muy distintas experiencias: la tarea compartida, la amistad honda, la confianza, el descanso… también el desencuentro (aunque seguido, en muchas ocasiones, de una experiencia muy sincera de reconciliación), el límite, la tensión…

 

De entre todas ésas, hay dos experiencias que me han marcado por encima de las demás, y que puedo nombrar con la conocida fórmula de José Antonio García, sj: la comunidad ha sido mi hogar y mi taller.

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En primer lugar, me doy cuenta de hasta qué punto la comunidad es para mí hogar. Muchas veces he rezado, haciéndola mía, la experiencia del salmista: ¡Hasta el gorrión ha encontrado una casa; / la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos! (Sal 83). Siento que mi hogar son mis hermanos, aquellos que Dios me regala para convivir en cada momento, en cada etapa. Y no solo aquellos con los que hay una especial afinidad, aquellos que son de mi edad o con los que hablo más. Sino que con todos mis hermanos me siento como en casa; estando con ellos puedo ponerme las zapatillas de estar en casa, ser quien soy, y, de alguna manera, sentirme seguro. “¡No somos compañeros de piso!”, reivindico siempre que mis amigos o mi familia me dicen que no entienden muy bien esto de la vida en comunidad.

 

En segundo lugar, experimento que la comunidad es el lugar del trabajo, donde compartimos las responsabilidades y tareas. Ahora bien, muchas veces experimento lo que hace poco me decía una amiga y hermana de los SSCC: «Sí, tenemos que ser para la misión… ¡pero antes de nada, tenemos que ser!». En mi experiencia, nuestra misión en la Iglesia pasa por esforzarnos por ser cada vez más comunidad. Y esto no para encerrarnos en nosotros mismos, sino para salir, abrir las puertas, y volcarnos en el trabajo del Reino de Dios.

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En definitiva, vivo la comunidad como un regalo de Dios… un regalo donde vivir y trabajar… un regalo que, como todos sus dones… ¡no es nada barato!

 

 

¿Y tú? ¿Tienes experiencia de espacios y grupos humanos que sean para ti “hogar y taller”? ¿Dónde te sientes “en zapatillas”, “como en casa”? ¿Desde donde emprendes tú tus tareas, trabajos, voluntariados, compromisos…?