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Con otra mirada: «¡Y dale con la política!»

  • Categoría de la entrada:Anuncia / Reflexiones
  • Tiempo de lectura:3 minutos de lectura

Luis Egea

(http://www.flaticon.com)
«La política institucional es necesaria pero lo fundamental es esa otra política…» (http://www.flaticon.com)

A finales de enero se cumplen tres meses de la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno.  Ese día se cerró el ciclo electoral más intenso e interesante que hemos presenciado recientemente en España.  Sin embargo, y por aquello de “lo poco gusta y lo mucho cansa», hasta los más motivados hemos acabado saturados con tanta tertulia y actualidad política.
No obstante, creo que sería un error dejar que se apagase por completo en la sociedad la llama de repolitización que alumbraron las plazas del 15M.  La política institucional es necesaria pero lo fundamental es esa otra política que podemos hacer como ciudadanos y ciudadanas y que se concreta en la preocupación por el otro y en la construcción de una sociedad más justa mediante nuestras propias opciones y decisiones personales y colectivas.

Por eso me atrevo a lanzar algunas posibles claves que ayuden a situarnos en este tiempo nuevo desde una postura creyente:

Mantener una actitud crítica y de discernimiento. El Evangelio no es identificable con ninguna ideología programa o partido político. A los creyentes nos toca huir de sectarismos partidistas y poner en valor, independientemente del color de la propuesta, aquellas políticas que persigan el bien común y pongan en el centro a las personas, especialmente, las más vulnerables y frágiles de nuestra sociedad.

Ejercitar un compromiso activo. En palabras de Fernando Vidal necesitamos  «que una parte de la gente (un 10%, por ejemplo) se comprometa partidariamente». Es decir, para participar en política no es imprescindible estar afiliado a ningún partido concreto. O dicho de otra forma, la sociedad necesita partidarios de la política no personas partidistas.  A veces un voluntariado es en sí mismo un ejercicio político en tanto que contribuye a transformar (-nos) la sociedad.

Practicar el diálogo en nuestra cotidianidad. El “parlamento parchís “resultado de las últimas elecciones apunta a la necesidad de diálogo.  No hay mejor forma de demandar esta actitud a nuestros representantes que practicarla nosotros al interior de nuestras familias, comunidades, universidad, trabajo, etc.

Cultivar la interioridad. Cuidar nuestra dimensión espiritual es condición previa para poder intuir “que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Porque ¿cómo llamar hermano al sufriente si no conocemos a quien tenemos en común como Padre? Cultivar la interioridad es también cambiar nuestra mirada y “corazonar” determinadas realidades. Esto es, razonar desde el corazón para que la fe nos lleve al mundo y el mundo a la fe.

Os dejo con una canción: