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Con otra mirada: ¿Por qué llora Boston?

  • Categoría de la entrada:Anuncia / Reflexiones
  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

Hace un par de días desde EEUU nos llegó este testimonio de una persona vinculada a nuestra PJV. Ángela Ordóñez está continuando allí sus estudios de doctorado en  psicología y está siendo testigo privilegiado de las reacciones que están generando las recientes elecciones a la presidencia del gobierno. Más allá de la coyuntura política, este es un testimonio de alguien que levanta la vista, observa y acoge el sufrimiento de quienes le rodean.

 

 

A medida que pasan las horas y escucho atenta miles de silencios empiezo a entender por qué lloran. No es que no supiera que lo ocurrido ayer era grave, pero me costaba entender tantas lágrimas genuinamente profundas como he visto estos días. Un email de la decana de mi facultad ofreciendo un servicio de atención psicológica al que lo pueda necesitar… ¿Es realmente necesario o son un poco exagerados? Supongo que llego insensibilizada tras el año de la vergüenza…

Me convocan a una manifestación de profesores y alumnos en la plaza central del campus de Harvard y camino hacia allá esperando encontrar estudiantes con megáfonos y pancartas abanderando la lucha por la justicia en la que creen, pero no… lo que me recibe en la plaza es silencio, miles de personas en un desgarrador y profundo silencio, y en los rostros de todos los colores que habitan esta ciudad, lágrimas. No es un llanto histérico ni teatrero. Son lágrimas que brotan imparables porque hoy aquí algo muy valioso ha muerto. Algo valioso que me esfuerzo por entender y respetar se le ha muerto a esta gente… Y, como después de toda muerte repentina, la vida aquí se ha congelado.

Saben que este país hoy ha cruzado una línea roja para la que hay difícil vuelta atrás…

Me acuerdo de las palabras que C.S. Lewis escribió cuando perdió a su mujer: “No one ever told me that grief felt so like fear” (Nadie me dijo que el dolor se sentía como se siente el miedo)

Esta gente llora porque sienten que se les ha muerto la justicia, el respeto, la honradez, la trasparencia, la fidelidad y la verdad. Y si se les mueren todos esos pilares que sostienen nuestra vida ya sólo queda terror. Terror por lo que pueda venir después. Impotencia y terror por el pozo negro y oscuro en el que la humanidad acaba de volver a poner su huella.
Estoy deseando ver estallidos de rabia en esta gente que me rodea y a la que ya quiero porque empiezo a entender… Estoy deseando que alguien rompa este silencio tétrico y mortuorio y vuelva a coger la bandera de la vida en la que cree.

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Pero hoy lloran sin consuelo… porque no saben cómo decirle a sus hijos que este mundo merece la pena, porque ni siquiera ellos saben si merece la pena. Lloran porque no saben cómo decirle a sus amigos latinos, afroamericanos y asiáticos que les quieren cerca, porque este país les dice que no son bienvenidos y sienten vergüenza de pertenecer a él. Lloran porque no saben cómo decirle a los padres que están haciendo las maletas rumbo a Canadá que hay cosas en esta vida que no se pueden comprar, porque hoy la historia les dice que no hay nada que el dinero no alcance.

Los mismos ojos que hace unos días vibraban diciéndome: “¡Quédate con nosotros!” hoy apuntan al suelo con vergüenza y me dicen: “por lo menos eres blanca y hablas inglés…”. Sienten vergüenza por lo que su país me dice y rehúyen la mirada, se avergüenzan… Quiero que me miren a los ojos, quiero decirles que sé que esto que está pasando no tiene nada que ver con ellos y que lo sé, pero hoy su culpa les pesa tanto que ninguna de mis palabras les llega.

Camino en silencio hacia el trabajo cruzando el edificio central del MIT, el gran símbolo Americano de generación del conocimiento y la tecnología, este lugar que es como el corazón de las ideas y la ciencia del mundo. Y me encuentro las paredes cubiertas de miles de mensajes de profesores y alumnos con tres títulos: “Black lives matter, Share your fears y Share your hopes” (Las vidas negras importan, comarte tus miedos y comparte tus esperanzas”
No sé de quién ha sido la idea y si me paro llego tarde al trabajo pero necesito leer y entender, y la verdad es que a nadie le importa hoy el trabajo… El hall del MIT, lleno siempre de cerebritos probando algún robot, ruido, bullicio y prisas, hoy sólo tiene silencio y se está cubriendo de palabras de miedo y esperanza. En la pared dedicada a Share your fears una frase de un alumno me atrapa: “I feel fear for my friends who are undocumented students. I want them here. I want them here” (Siento miedo por mis amigos que son estudiantes indocumentados. Los quiero aquí. Los quiero aquí).

Empiezan a llegarme mensajes convocando una manifestación en el Boston Common, el parque central y pulmón de la ciudad, con una pancarta que la encabeza: “Hope will never be silent” (La esperanza nunca será silenciada).

 

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